Un Héctor pelea por los trabajadores y otro Héctor por los industriales. Ambos se enfrentan cuando en realidad luchan por el mismo objetivo: un programa económico que ofrezca tranquilidad y estabilidad.
La crispación empresaria no nace con el proyecto de Héctor Recalde para hacer participar de las ganancias a los trabajadores. Lo que preocupa a Héctor Méndez, representante de los industriales, es que los sindicatos avanzan con sus reclamos -que casi siempre son satisfechos- y que se achican los márgenes de competitividad de la industria. Lo que la UIA y otros foros de hombres de negocios vislumbran es un horizonte con incrementos salariales de porcentuales cada vez mayores, con un dólar anclado por el Banco Central, con su capacidad cerca de los márgenes y sin herramientas para mejorar sus ventajas competitivas. Hoy, aclaran ellos mismos, no hay empresario que no gane dinero en la Argentina. No les preocupa el ahora, sino el futuro incierto de un 2011 electoral y de la ausencia de reglas oficiales que les hagan un guiño positivo. Los reclamos sindicales son genuinos, porque la pérdida de poder adquisitivo es real . Pero también es fundado el temor empresario sobre que la ecuación financiera, en el corto plazo, no les cierre.