Myrian Elizabeth Torrejón Harros murió de un disparo en la cabeza hace más de 12 años. El gendarme Miguel Angel López, su esposo, confesó desde un primer momento que había disparado el arma. Sin embargo, según su versión, la pistola calibre 9 milímetros se accionó de forma accidental. Pero los investigadores y los parientes de la víctima tienen otra hipótesis. "Estoy seguro de que él llevaba una doble vida con otra mujer y Myrian lo descubrió", declaró Miguel Angel Torrejón, hermano de la víctima.

El 6 de julio de 1998 a la mañana, López se retiró de la base del Escuadrón 55 "Tucumán" de Gendarmería. Cerca de las 9, entró a la casa de 25 de Mayo 1.849, donde vivía junto a su esposa, sus suegros y sus cuñados. "Yo estaba durmiendo y me desperté porque escuché gritos. El cuarto de mi hermana estaba a unos cuatro o cinco metros del mío, así que me levanté para ver qué pasaba y vi a Miguel que lloraba y decía: ?le pegué un tiro, le pegué un tiro?. Yo no había escuchado ninguna detonación. Entré y no entendía nada. Hasta que le toqué la cabeza a mi hermana y vi la sangre. No sabía que se trataba de algo tan grave. Fui a mi dormitorio, me puse un pantalón, y cuando volví Miguel ya estaba llevándola en brazos por el pasillo. La subimos a un auto y fuimos a un sanatorio que está cerca de Bomberos (25 de Mayo al 1.000). A los minutos llegó una camioneta de Gendarmería. Ellos me acompañaron a que buscara a otro de mis hermanos, que trabajaba en la Terminal de ómnibus. Cuando volvimos al sanatorio, Myrian ya había fallecido", recordó Daniel Oscar Torrejón Horros, otro hermano de la mujer.

En un principio, la causa estaba caratulada como homicidio culposo. López, cuando declaró ante la entonces fiscala de Instrucción, Joaquina Vermal (ya fallecida) dijo que la mañana del hecho llegó a su casa para buscar dinero y pagar unas deudas. Allí, relató, comenzó a hacer números con su esposa y, antes de irse, le dijo: "está de visita el inspector nacional; va a haber una inspección y, para variar, no tengo balas". "Me levanté de la cama, saqué la pistola que en esos momentos tenía en la cartuchera, ya que estaba vestido de combate, y le dije: ?mirá?, porque no tenía balas el arma; la remonté para demostrárselo y apunté, no recuerdo hacia dónde, puesto que saqué el arma de manera despaciosa (...); al momento de remontarla y soltar (sic), se produjo el disparo", dijo el gendarme al día siguiente de la tragedia. Y añadió: "yo creía que (el arma) no tenía proyectiles (...). Amaba a mi mujer y nuestra relación era buena".

Aida Cristina Harros, madre de la víctima, comenzó a dudar de la versión de su yerno con el correr del tiempo. "Yo le juré por la sangre de mi hija que me las iba a pagar", declaró ayer la mujer.

Más pruebas

En julio de 2007, López fue citado para otra indagatoria, esta vez por la fiscala Adriana Giannoni. La investigadora había escuchado las versiones de los familiares de la víctima y tenía en su poder una serie de pericias que la habían hecho dudar sobre la versión del sospechoso. El gendarme repitió lo que había declarado la primera vez; sin embargo, meses después, la fiscala solicitó que la causa fuera elevada a juicio y le imputó el delito de homicidio agravado por el vínculo. López pasó ocho meses detenido, y finalmente salió en libertad. Actualmente, trabaja en Buenos Aires.

El gendarme, defendido por el abogado Gustavo Estofán, decidió no declarar ayer ante los jueces de la sala V de la Cámara Penal, Alfredo Barrionuevo, Emilio Páez de la Torre y Alicia Freidenberg (secretaría de Fernando Rivera).

Quienes sí dieron su versión sobre los hechos fueron los hermanos y la madre de Myrian. "Una vez, en un asado, el señor (por López) sacó un arma y se la remontó a una persona en la cabeza. Ahí un amigo me dijo que tuviera cuidado con él. Por eso, aunque teníamos una buena relación, yo siempre le tuve desconfianza", dijo Miguel Angel. Su hermano, Daniel Oscar, recordó un episodio similar. Más allá de esto, ambos coincidieron en que jamás vieron que el gendarme golpeara o maltratara a su hermana.

La opinión de un perito

El perito balístico Julio César Mendoza fue el primer testigo que declaró ayer. Y aportó un dato que puede resultar clave. "El arma que se examinó funcionaba correctamente", dijo el especialista. Además, explicó el funcionamiento de la pistola semiautomática marca Astra, calibre 9 milímetros, que fue hallada en el cuarto de la víctima. "Se debe accionar por completo la corredera hacia atrás. Con ello, queda remontada y lista para disparar con sólo accionar la cola del disparador", detalló. Así, introdujo la posibilidad de que el disparo no haya sido accidental. Pero López aún tiene tiempo de darle sustento a su coartada.