BUENOS AIRES.- Hasta ayer, Francisco Varallo fue una leyenda viviente. Murió rodeado de sus seres queridos en una clínica de La Plata -ciudad en la que una calle lleva su nombre-, a causa de una enfermedad respiratoria. Fue protagonista y testigo privilegiado del devenir futbolero mundial durante 100 años (los había cumplido el 5 de febrero). Se lo va a extrañar.

A Varallo se lo identifica con Boca porque fue tricampeón con los "xeneizes" y porque hizo historia a fuerza de goles con esa camiseta. Martín Palermo quebró su récord de efectividad con la auriazul, pero de ningún modo opacó el extraordinario paso de "Cañoncito" por el club. Varallo integró el primer ganador de un campeonato profesional en 1931, y repitió las vueltas olímpicas en el 34 y el 35. Es el tercer artillero histórico de la institución, detrás de Palermo y de Roberto Cherro. Fue justamente Cherro su gran compadre en la cancha, el crack con el que se entendía a la perfección.

La Plata fue su lugar en el mundo. Allí empezó a darle a la pelota -de trapo, de goma o de cuero- y debutó a los 18 años en Gimnasia y Esgrima. En 1929 celebró el título de campeón con el "tripero", en tiempos del epílogo del amateurismo. También fue entrenador de Gimnasia entre 1957 y 1959, pero no sentía esa función y no tuvo empacho en decirlo abiertamente. "No tengo la fuerza de carácter", explicó, y se fue a su casa.

Varallo era conocido en La Plata porque rompía redes desde los 14 años. Un día le marcó ocho goles a Rioplatense, lo que derivó en que Gimnasia se lo llevara del club Los Hornos a cambio de 500 pesos y una tribuna.

Siempre fue "Pancho", como le decían sus padres Antonio y Teresa. Una lesión lo retiró prematuramente del fútbol, con apenas 29 años. Antes, cuando era muy joven, un entrenador le hacía pegar patadas a la pared para curar un "problemita" en la rodilla.

"Estaba cansado de vivir, solo abría los ojos cuando se hablaba del fútbol de antes", reveló su sobrino, Rubén De Luca. Gastado en su físico, el último sobreviviente del Mundial de 1930 dijo, sencillamente, adiós. (Especial)