Gonzalo Callejas asegura que se arrepentirá toda la vida de no haber pisado el freno luego del choque. "Estaba en shock", jura. Por intermedio de su abogado, Javier Lobo Aragón, el muchacho dialogó telefónicamente con LA GACETA cuando su traslado a Villa Urquiza es inminente.

El 10 de julio, Callejas conducía la Nissan Frontier que chocó y mató al canillita Marcelo Pucheta en la esquina de avenida Mate de Luna y Alfredo Guzmán, según el fiscal Guillermo Herrera. Estuvo prófugo durante varios días. Finalmente, gracias a un e-mail anónimo, la Policía lo atrapó. Callejas, sin embargo, afirma que quería entregarse. "Me asesoraron muy mal. No sé por qué sucedió, pero estoy viviendo un infierno por culpa de eso. Esto fue un accidente; yo no soy un asesino", expresó el joven, que está imputado de homicidio con dolo eventual.

- ¿Qué pasó esa madrugada?

- Cuando fue el accidente, porque realmente fue un accidente, yo iba con mi amigo, Carlos Asar. La verdad, no sé por qué declaró de esa forma (N. de la R.: comprometió a Callejas al decir que iban a 150 km/h, entre otras frases). No le guardo ningún rencor, pero le quiero pedir que reflexione. Jamás lo amenacé para que no dijera nada; somos amigos desde hace más de 15 años. Quizás su abogado le dijo que declarara así, pero la verdad es otra. Apenas fue el choque, lo dejé en la casa de otro amigo mío. En el acto traté de asesorarme y llamé por teléfono a un allegado. El se asesoró con profesionales y me devolvió el llamado como a las dos horas. Yo estaba desesperado, en una crisis de nervios terrible. Me dijeron que no me presentara, que esperara tranquilo y que deje la camioneta en el garaje. Bueno... yo quiero que se tenga en cuenta que perdí a mi papá cuando tenía cinco años y a mi mamá a los 11. Desde entonces, mis tutores fueron mis tíos. No les quise decir nada porque mi tío tiene que ser operado del corazón, y no podía exponerlo a semejante disgusto. Además, me ordenaron que debía mantenerme en silencio. Me decían que no podía arrimarme a una comisaría ni decirles nada a mis familiares. "Ya va a pasar, esperá un poco", me decían. Pero siempre fue mi intención presentarme.

- ¿Qué pensaba cuando veía que se hacían marchas y salían noticias sobre el caso?

- Yo veía que esto se iba haciendo más y más grande y me iba desesperando. Tengo hijos chicos, y no le podía contar a nadie sobre esto. No podía dormir; tomaba pastillas para tranquilizarme. Fue horrible.

- ¿Por qué decidió no frenar la camioneta tras el choque?

- Yo no venía fuerte. En un momento pienso que la rozo a la bicicleta y me agarró un shock (sic). Los vidrios de la ventanilla mía volaron. Me quedé petrificado. Manejo desde hace más de 10 años y nunca me había pasado nada. Me arrebaté y seguí; voy a estar arrepentido de por vida, sinceramente.

- Asar declaró que usted dijo: "A esto lo soluciono yo"...

- Lo que le dije es que, al ser amigo mío, no lo quería involucrar en nada. Yo me iba a presentar, porque era un accidente. Además, no quería que él sufriera alguna consecuencia, porque era yo quien manejaba. Fue una cuestión meramente de amistad.

- ¿Por qué sus allegados podrían haber querido que usted no dijera nada sobre el choque?

- No sé cuál será el motivo. Quizás fue consejo de los profesionales. No sé si habrá tenido algún motivo económico; quizás fue por cuestiones civiles. No lo sé.

- Cuando el fiscal Herrera lo indagó, usted dijo que creía que le habían tirado una piedra para robarle, que no sabía del accidente...

- El domingo antes de que me presente (N. de la R.: fue arrestado el 3 de agosto), les conté a mis tíos todo. Se enojaron mucho; me dijeron que debería haber ido con la verdad. Mi tía me mandó a hablar con el abogado (Humberto) Castaldo. Después, me junté con un pariente y otro profesional, y me dijeron que era al vicio todo, que hacer eso era perder plata y que todo se iba a solucionar. Al día siguiente, cuando la Policía encontró la camioneta, me volvieron a pedir: "no te entregués, esperá a que te saquen". Pero yo decidí ir con Castaldo y entregarme. El me dijo que contara esa versión, y la verdad, fue peor. Terminé declarando esa estupidez. Quiero que se me entienda el estado de nervios que tenía. No podía parar de llorar, y el fiscal me preguntaba si podía declarar.

- ¿Cómo toma la imputación del fiscal?

- Se me tilda de asesino por un accidente, y yo soy una buena persona. Incluso, lo conocía al hombre, lo vi repartir diarios... pero realmente estuve mal asesorado. A los Pucheta quiero pedirles perdón de todo corazón. Incluso les mandé una carta, pero sé que no llegó a sus manos. Estoy muy arrepentido; tengo pesadillas todas las noches. Esto me va a marcar de por vida.