Estuvo a un voto de ser echado del cargo. La intención de despedir al secretario del Concejo Deliberante de Famaillá, Marcelo Masmuth, terminó cinco votos a favor y cuatro en contra. Sin embargo, para este tipo de decisiones se requiere el voto de los dos tercios de los concejales presentes (había nueve en el salón); es decir que faltó un voto más en contra.
Tras haber estado en boca de la mayoría de los vecinos famaillenses, durante toda la semana, porque un concejal escondió las sillas y se cayó la sesión, los ediles de "La ciudad de la empanada" volvieron a sesionar el viernes a la noche. Esta vez para votar una propuesta del concejal, Alfredo Abregú (PJ) a fin de destituir al secretario del cuerpo.
El desarrollo de la reunión tuvo ribetes novelescos. Juan "Papi" Villafañe, uno de los concejales que había firmado el dictamen a favor de despedir a Masmuth, sorpresivamente, abandonó el edificio minutos antes de la votación.
Esa actitud generó la reacción de la mitad de sus pares. "Es una vergüenza. No tiene la suficiente hombría para votar lo que ha firmado", dijo Rubén Medina, apenas se retiró Villafañe. "¿Así quiere seriedad y transparencia? -se preguntó-. Lamentablemente -agregó Medina-, este Concejo volverá a ser noticia en todos los medios".
Eran las 22, cuando llegó el momento de debatir el proyecto para destituir a Masmuth. La discusión comenzó a subir de tono y algunos ediles perdieron la paciencia. "¡Hacé votar!... ¡hacé votar!" repetía a los gritos el concejal Héctor "Lalo" Velázquez, mirando al presidente del cuerpo, Martín Véliz.
En ese momento, sonó el celular de la concejala Argentina Véliz. "Ya voy... ya voy -decía en voz baja con el teléfono al oído-. Termina la sesión y voy", imploraba.
Masmuth estaba dentro del salón, cumpliendo su rol de secretario, y tuvo que leer los argumentos del proyecto de su propia destitución. Se notaba cierto nerviosismo en la lectura. "Mmm... transpira hela?o", comentó un vecino, que provocó algunas risas por lo bajo.
Los fundamentos para despedir del cargo a Masmuth estaban centrados en que el funcionario no asistió al Concejo cuando se llamó a sesión extraordinaria, el mismo día en que se ocultaron las sillas. El faltazo de Masmuth fue calificado como un acto de irresponsabilidad. "Nadie supo responder quién se hacía cargo de la secretaría y él no es un empleado cualquiera, es un funcionario", remarcó Abregú.
Las advertencias
Medina, por su parte, también insistía en la remoción, pero se lamentaba por la huída de Villafañe. "Vamos a ser el hazme reír de todos", dijo. A su turno, Jesús Salim (PJ), el concejal que había ocultado las sillas en la sesión anterior, defendió al secretario. "Una ausencia no puede ser comparada con un hecho grave, como una alteración de un acta -dijo-. El pedido es exageradamente extremo y muchos secretarios fueron echados y volvieron por mandato de la Justicia", advirtió.
Volvió a sonar el celular de la concejala Véliz. "Ya voy... ahora no puedo, ya voy", repetía casi murmurando. De pronto, Veláquez volvió a reaccionar: "¡Hacé votar!", gritaba con la mirada en dirección al presidente. "Pará... -respondió Véliz, con las manos extendidas sobre la mesa-, no ves que está hablando".
Masmuth pidió autorización para defenderse y le permitieron hablar. "Pido disculpas. Mi ausencia no fue intencional -dijo-. Tuve problemas. Yo esperaba que alguien me preguntara ¿qué te pasó?... les pido disculpas si por mi causa no hubo sesión", afirmó.
Tras 40 minutos de discusión, se procedió a votar. Se produjo un silencio breve, pero parecía eterno, hasta que se develó el resultado. Cinco manos levantadas y cuatro ni se movieron. Masmuth contó los votos y respiró aliviado.