Lo último que se rompió es lo primero que se está reconstruyendo. Desde el comienzo de las negociaciones entre el Sindicato de Trabajadores Autoconvocados de la Salud y el Ejecutivo, quedó en claro que la confianza estaba deshecha y que se requerían gestos concretos para rehacerla, antes que prometedoras palabras que habían quedado vacías de sustento, aun cuando hubiesen sido puestas por escrito.
Desde que volvieron a sentarse a una mesa han logrado avanzar fuertemente en este aspecto, al punto que ambas partes elogian la predisposición de la otra para hallar soluciones. No es poco pero no es suficiente ante el reclamo de las bases de los hospitales.
La paciencia para obtener resultados es clave para dar por terminado este extenso y agobiante conflicto, cuyo objetivo prioritario debe ser, para los dos sectores y sin violar sus propios intereses, la normalización de la atención a los enfermos como consecuencia de un acuerdo sostenible en el tiempo (no como el de noviembre de 2009, que naufragó a los pocos meses), con el reconocimiento de la sociedad.
Que se levante el paro con la obtención de buena parte de lo reclamado le permitirá al naciente sindicato demostrar que con una actitud firme y consecuente se pueden obtener resultados político-gremiales; y a los ministros Pablo Yedlin y Jorge Jiménez, recibir condecoraciones en sus uniformes, en reconocimiento por haber cerrado el conflicto que más preocupa al Gobierno, justo antes de comenzar la campaña electoral.