En el ranking de los casos resueltos por el Centro Internacional de Arreglo de Diferendos relativos a Inversiones (Ciadi), del Banco Mundial, Tucumán figurará en el puesto 42 sobre 200 problemas en los que laudó ese organismo. Puede parecer anecdótico el hecho de estar entre un conflicto iniciado en el Congo por capitales que apostaron a la exploración de petróleo, pero que luego desistieron de la acción por un arreglo con la demandada, y entre otro caso resuelto en favor de capitales estadounidenses a los que le rescindieron el contrato en México. Se trata de la empresa Desona que explotaba la recolección de residuos en Naucalpan de Juárez. Allí está Tucumán, entre esos casos que a los inversores los espanta.
Y la gestión del gobernador José Alperovich sigue inquieta, tanto como cuando se enteró de que perdió un juicio por el que deberá pagar unos $ 800 millones, a valores nominales, por la recisión del contrato del servicio de agua y cloacas a Aguas del Aconquija, hace 13 años. El temor es fundado si se toma en cuenta que, por más refinanciación de deuda a largo plazo que le haya dado la Nación, la deuda pública de Tucumán superará holgadamente los $ 5.000 millones cuando aquel juicio ingrese en el endeudamiento consolidado de la provincia. No falta mucho tiempo para eso. Y la cifra del pasivo provincial no es antojadiza si se tiene en cuenta el cálculo que realizaron los contadores fiscales del Tribunal de Cuentas. Hasta fines del año pasado, Tucumán acumuló una deuda pública de $ 4.740,45 millones. Para saldarla, cada tucumano debería aportar $ 3.160,30. De hecho, contribuye con el pago de impuestos para que el Estado se sostenga. Sin embargo, los compromisos no bajan; sólo se refinancian para que las futuras generaciones lo hereden. Técnicamente, se dirá que hoy la deuda representa sólo el 65% del presupuesto anual. Y que, frente a esa situación, es llevadera. Pero, en los hechos, el monto total sigue subiendo. El costo financiero del nuevo endeudamiento es relativamente bajo respecto de las tasas de mercado, porque Tucumán -al igual que la Nación- no puede salir a pedir préstamos al mundo. Es la propia Nación la que le presta plata y -frente a ese acreedor- el costo político siempre será más caro, sobre todo en épocas electorales.
Pero el gobernador cree que la cosa se está encauzando. Que la Nación, finalmente, le resolverá el problema con Vivendi (propietaria de la ex concesionaria del servicio sanitario) y que el Plan de Desendeudamiento seguirá dando frutos, esos $ 32 millones demás que Tucumán recibió por coparticipación desafectada en el primer mes de vigencia de la refinanciación.
Ayer hubo un ambiente más calmo en la Casa de Gobierno que los días previos, por más que la pirotecnia verbal que se encendió en el Partido Justicialista la noche del martes no haya explotado en la mañana de ayer en la sede del Ejecutivo, durante las negociaciones con los autoconvocados de la salud. De hecho, muy pocos funcionarios se animaron a opinar sobre los dichos de la titular del partido, la senadora nacional Beatriz Rojkés de Alperovich. Lo concreto que el tema se ventiló puertas adentro y, hacia afuera, salieron a la luz los intentos previos de algunos funcionarios para que el agua no llegue al río en la protesta del personal de la salud. Hoy las palabras acercan o alejan posturas. Nada está firmado; ningún acuerdo que haga retornar la tranquilidad a los hospitales. "Sólo un médico es millonario" deslizó ayer un autoconvocado, resumiendo la bronca que existe en el sector por la revelación de que Juan Manzur, el ministro de Salud de la Nación, es el más rico del gabinete kirchnerista. Alperovich defiende a su compañero de fórmula de 2011. "¿Qué, es un pecado tener plata?", replicó el mandatario a los periodistas que le pidieron una opinión acerca del patrimonio de Manzur. No, no es un pecado ser una acaudalada persona, ni lo es sentarse a dialogar con sectores enfrentados al Ejecutivo que reclaman salarios acordes a sus funciones y menos maltrato por parte de los políticos.
Tampoco es pecado ni error que el Estado acumule menos dinero de lo que proyecta para afrontar la tercera gestión (la idea es iniciarla con un colchón financiero cercano a los $ 500 millones). Sí sería un error, más que un pecado, que el Gobierno siga acumulando conflictos debajo de aquella alfombra roja prometida, que hoy aparece manchada por cuestiones que pudieron resolverse hace tiempo.