Hasta que los autoconvocados consigan lo que buscan, la carpa blanca montada en la esquina noroeste de la plaza Independencia seguirá como un mojón que señala por dónde pasa el camino de lucha que fue encarada hace más de un año.
Ayer, en medio de la euforia general por la reincorporación de Carim Asus a su cargo de cirujano torácico en el Centro de Salud, el propio médico tuvo la claridad de poder las cosas en su lugar: "gracias por el respaldo dado en esta semana larguísima, pero esto no empezó conmigo; ahora debemos seguir". De este modo, puso sobre el tapete que las cuestiones individuales deben quedar de lado ante los objetivos generales. Una racional lección de la política entendida como la búsqueda del bien común, emblema discursivo reiterado por los dirigentes de todos los partidos cada vez que pelean por un cargo, aunque frecuentemente olvidado tras una elección.
Lo peor que se puede plantear, en esta instancia, es analizar las negociaciones bajo la lógica de triunfo-derrota punto por punto. La trascendencia de lo logrado por el movimiento que más dolores de cabeza le genera al Gobierno es haber forzado el diálogo negado durante meses, con movilizaciones y reclamos constantes, sólidos y organizados. Ahora se abre otra instancia, en la cual se deberá priorizar la construcción de confianza entre los autoconvocados y los funcionarios.
Entre tanto, el movimiento tiene el desafío extra de consolidar el acercamiento operativo (no ideológico) entre quienes defienden la sindicalización y el sector que pide que se la postergue. Las diferencias subsisten y sólo quedaron en un segundo plano por la desacertada remoción de Asus.
Si las fisuras se reabren, habrá brechas por donde taladrar hasta la ruptura final.