La propuesta es excelente: recordar una escena de una película. El problema es que al hacer este ejercicio se vienen miles a la memoria, con el riesgo de arrepentirse por la elección y decidirse por otra. Hay que ser arbitrario y hacerlo. Una escena de "My fair lady" es la que voy a describir.

Basada en una obra de teatro de Bernard Shaw, “Mi bella dama” es una película que narra una historia de amor en la que las diferencias entre clases sociales se hacen sentir de manera cómica y crítica a la vez. Dirigida por George Cukor en 1964, está protagonizada por Audrey Hepburn, quien interpreta a Eliza Doolitle, una pobre florista que vive en la calle; por Rex Harrison, quien encarna a Henry Higgins, un lingüista obsesionado por la preservación de la lengua inglesa; y por Wilfrid Hyde-White, quien hace del coronel Pickering.

La historia comienza cuando al profesor Higgins le llama la atención el lenguaje pobre y distorsionado de una florista, Eliza. Luego de una charla con Pickering acerca de la lamentable decadencia de la lengua inglesa, Higgins le apuesta al coronel que es capaz de hacer pasar por una refinada aristócrata a Eliza en el plazo de seis meses, enseñándole correctamente la pronunciación del inglés y los modales básicos que toda "lady" debe tener.

Una vez que el profesor comienza a educar a Eliza, mediante versos pegadizos y repetitivos, decide ponerla a prueba en un importante evento social de Londres, la carrera de Ascot. Así llegamos a la escena más memorable y emblemática de la película, en la que hombres y mujeres de la alta alcurnia, nobles y duques, asisten a este evento (todos lucen una impresionante y lujosa vestimenta). Todos actúan de manera refinada y sensata, ninguno muestra un mínimo de excitación ante el desarrollo de la carrera. ¡Hacerlo sería algo vulgar y desagradable!

Desafortunadamente, no le sucede lo mismo a la pobre Eliza, quien no puede ocultar su origen social y, traicionada por la excitación que conlleva una carrera, grita desaforadamente alentando al caballo al que había apostado "¡Vamos Dover, mueve tu trasero!". Así, tira por la borda toda su actuación de señorita refinada y educada, y pone en evidencia su origen. Esta escena es genial, cómica y muy irónica: es así, la sociedad condena las diferencias sociales, tal como Eliza es condenada por los ricachones luego de comportarse de una manera “tan escandalosa e inapropiada”. Si sos diferente y se nota, te lo van a hacer sentir. Me encantó esta escena, me parece inolvidable.

Cecilia De Rosa