Después del porrazo inicial contra Suiza, que puso en duda la autenticidad del rótulo de candidato con que llegó a la Copa del Mundo, España se sacudió y se puso de pie. Con una victoria sobre Honduras comenzó a demostrar que la etiqueta no era injustificada. Pasó otra prueba bravísima contra Chile y se metió en octavos para cruzarse en el duelo ibérico contra Portugal. Y en el primer choque crucial revalidó sus aspiraciones. Muy lúcido para mover la pelota y paciente para encontrar el momento justo para lastimar, el cuadro español se hizo de una victoria incontrastable. Portugal, con su megaestrella Cristiano Ronaldo casi ausente, no pudo ante la calidad y el poderío de un rival que agiganta su juego y sus sueños.