Novela
LIPSTICK JUNGLE (LA JUNGLA DE LÁPIZ LABIAL)
CANDACE BUSHNELL (Planeta - Buenos Aires)

Los juegos del poder han sido materia prima de gran parte de la literatura universal, desde la Ilíada y más de un relato bíblico. Siglos después, la novela haría del dinero un factor clave en esa lucha, desplazando a la nobleza de la sangre o al heroísmo individual como cartas de triunfo para lograr la plenitud existencial? el éxito, digamos.
Hasta en una amable novela de costumbres como Orgullo y prejuicio, Jane Austen menciona a los personajes masculinos junto a sus ingresos anuales, devengados en general de las rentas de sus propiedades y no del sudor de sus distinguidas frentes. Y una mujer sensata sabrá que de la apuesta que haga al elegir marido dependerá no sólo su felicidad, sino su posición y hasta su supervivencia.
Has recorrido un largo camino, muchacha, y ahora sos vos quien trae dinero a la casa. Tal vez porque sos independiente y vivís sola, o porque tu aporte es significativo para las finanzas familiares, o quizás porque a tu marido no le da por el trabajo. Y Candace Bushnell (1958), una de ustedes, reúne en Nueva York -¿dónde mejor?- a tres personajes femeninos que ilustran cada una de esas situaciones en Lipstick Jungle, su cuarta novela.
En 482 páginas nos invade con los trajines que trepidan en esa selva donde sólo el fuerte sobrevive, y que viene retratando desde Sex and the City (1996), derivada de sus artículos en The New York Observer y origen a su vez de la exitosa serie televisiva y luego de la película. Y ahora, otra vez la jungla, la megalópolis, con un vértigo de posibilidades laborales que atrapa no sólo a varones ansiosos de emular a Rockefeller, sino a mujeres de educación sólida y reacciones rápidas que taconean con firmeza rumbo a sillones gerenciales y a premios codiciados.

Conventillo de lujo
La competitividad hace de las demás personas simples factores de avance o retroceso en el juego del poder, cosificándolas: no hay piedad ni empatía en las relaciones humanas; leemos: "La respuesta era sencilla: no le quedaba más remedio que hundir a Bruce Chikalis" (p. 182). Como contrapartida, los objetos ascienden de categoría y reciben nombres humanos: bolso Louis Vuitton, gafas Cartier, vaqueros Gucci, además del Mercedes, que ni siquiera precisa ir junto al objeto que nombra.
Si usted soporta ese mundo de conventillo de lujo, ingrese, pues, en los dominios de estas mujeres, urbanizadas brujas de Macbeth -"trajina, trajina, trabajo y tremolina"-.
Siga sus frenéticos periplos, sus amoríos y la rutina de chismes y estrategias de lucha que las energiza y, en aleteos freudianos, las sexualiza. Quizá valga la pena, ya que hacia el final surgen ciertas situaciones interesantes. Claro que Bushnell se presta a funcionar como deus ex machina en el destino de sus protagonistas, rindiéndose a la tentación de darles, aparte de un lugar entre las cincuenta mujeres más ricas de Estados Unidos, una estabilidad emocional con visos de perdurabilidad, sin la cual -lo admite implícitamente- el éxito puede sonar patéticamente vacío.
© LA GACETA

Eugenia Flores de Molinillo