Dentro de la fuerte tradición cuentística de Estados Unidos, a la cual pertenecen Edgar Alan Poe, Flannery O´Connor, John Cheever y Raymond Carver entre tantos otros; hoy en día, uno de sus exponentes más importantes, es Tobias Wolff (Alabama, Estados Unidos) .
Wolff recibió diversos premios por sus colecciones de cuentos y libros de memorias como el PEN-Faulkner y el O´Henry (en tres oportunidades). Su libro de memorias La vida de ese chico tuvo, en 1993, una versión cinematográfica protagonizada por Leonardo Di Caprio y Robert de Niro (la película se llama Mi vida como hijo).
Recientemente se publicó en castellano la colección de cuentos Aquí empieza nuestra historia. Actualmente, reside en California, donde tiene una cátedra de honor en la Universidad de Stanford. Desde allí, contestó amablemente estas preguntas por teléfono.
- Cuando comienza a escribir un cuento, ¿lo tiene pensado de antemano, o lo desarrolla a medida que va escribiendo?
- Por lo general, cuando comienzo a escribir un cuento, ya tengo una idea bastante formada acerca de cómo se va a desarrollar. Sin embargo, muchas veces, durante el transcurso de la escritura, mi idea inicial se modifica, tacho bastante, corrijo, hago varios borradores. En realidad, recién cuando uno se sienta a escribir, llega el momento en que aparece el tono narrativo.
- ¿En qué está trabajando ahora?
- Tengo una novela entre manos. Pero soy muy supersticioso y prefiero no contar de qué se trata mientras la estoy desarrollando.
- Por lo general, ¿cuánto tiempo le lleva escribir una novela o un libro de memorias?
- Unos tres o cuatro años.
- Usted es docente en la Universidad de Stanford, ¿sobre qué tratan específicamente sus cursos sobre literatura?
- El otoño pasado dicté un curso para estudiantes de primer año. Les di El extranjero de Albert Camus, cuentos de Isak Dinesen, una autora danesa que escribía en inglés, autora de Memorias de Africa. También les di cuentos de Flannery O´Connor, una novela de D.H. Lawrence, cuentos de James Joyce, una novela de James Baldwin. Incluí en la bibliografía un texto chino de hace dos mil quinientos años que se titula Lao-Tzu, en fin, una variedad de textos de distintas partes del mundo. Otras veces dicto cursos más específicos como "La nouvelle norteamericana" o "El cuento norteamericano".
- En cuanto a los talleres de escritura dentro de la universidad, ¿cómo evalúa la producción de los alumnos?
- Hay algunos que traen textos interesantes para trabajar. De vez en cuando, un ex estudiante se convierte en un escritor conocido; esto sucede en escasas oportunidades. Algo que tengo para afirmar, luego de haber dictado talleres durante tantos años, es que no se puede predecir quién va a ser un gran escritor.
- Hablando de sus estudiantes, ¿quiénes se convirtieron en escritores conocidos?
- George Saunders, un aclamado cuentista. También Alex Beam y Jay McInerney, todos ellos fueron estudiantes míos. Algunos son de la época en que enseñaba en la Universidad de Syracuse. Bret Easton Ellis, luego, utilizó un personaje de una novela de Jay McInerney para sus libros American Psycho y Glamourama.
- ¿Qué opina del estado del relato breve en Estados Unidos en la actualidad?
- No es un género fuerte. El problema es que los escritores jóvenes continúan escribiendo cuentos; sin embargo, no hay demasiados lugares donde publicarlos. Y con todas las distracciones de los medios, como la televisión, las películas e Internet, cada vez se pierden más lectores. La gente pasa horas on-line.
- ¿Le parece que el cuento es un género que se adapta a ser publicado en Internet?
Puede ser, aunque si eso fuera cierto, muchísima gente leería cuentos. En cambio, la realidad, es que son pocos quienes los leen. Hay algunas revistas on-line que publican cuentos. Recomiendo una muy buena que se llama Narrative.
- Dada la compleja situación económica y social en la actualidad en Estados Unidos, ¿cómo se encuentran las universidades?
- Depende de cuáles universidades. Las que son muy adineradas, como Harvard o Stanford, siguen funcionando bien. Pero las estatales tienen enormes problemas, cada estado se encuentra con un déficit presupuestario. Llevan a cabo recortes: disminuyen la cantidad de profesores, el número de becas, los fondos destinados a la investigación e, inclusive, las fotocopias. En definitiva, la calidad de la educación está sufriendo a causa de todo este descalabro.
- ¿Quiénes son sus escritores predilectos?
- Me gusta mucho David Foster Wallace, quien, lamentablemente, tuvo una temprana muerte.
- ¿Lo conocía?
- Un poco. Lo conocí cuando era joven en un encuentro literario. Me gusta un novelista que se llama Padgett Powell, también George Saunders y leo las novelas de Richard (Ford) con gran interés. Suelo leer no-ficción. En este momento estoy disfrutando de un libro de historia sobre la Guerra civil de Estados Unidos. También del manuscrito de la novela de Adam Johnson, un amigo y colega.
- ¿Encontró algo que no supiera previamente sobre la Guerra civil de Estados Unidos en el libro que está leyendo?
- Diría que fue una guerra por demás sangrienta, tanto peor de lo que se suele relatar. Murieron más de un millón de personas y una enorme cantidad terminó con heridas irreparables y psicológicamente dañados de por vida. Gran parte del problema de drogadicción que hay en este país es probable que haya comenzado en ese momento. A los soldados les suministraban heroína, creían que les hacía bien. En poco tiempo, terminaban convirtiéndolos en adictos. La enfermedad de la adicción a la heroína se denominaba "el mal de los soldados". Desde entonces, en distintos sentidos, se ha convertido en parte de nuestra cultura.
- ¿Utiliza algo del material que lee sobre historia para sus obras de ficción?
- Quizá algún día lo lleve a cabo de manera directa. Hasta ahora no.
- Podríamos afirmar que usted no escribiría una novela histórica?
- Supongo que no, no tengo esa vena. Más bien leo sobre nuestro pasado porque me gusta aprender acerca del ser humano, sobre la vida.
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Paula Varsavsky - Escritora y periodista. Colaboradora de los diarios El País, Perfil y El Mercurio.