El director Patrick Michael King apostó fuerte al sacar a las cuatro amigas neoyorquinas de su hábitat natural y colocarlas en las exóticas arenas de Medio Oriente; a pesar de todo, ellas mantienen sus costumbres y, rodeadas de lujo (oriental, en este caso), se cambian de ropa en cada escena, usan tacos altos para pasear en camello y toman por asalto los mercados locales (a falta de lujosos shoppings) para volver al hotel sepultadas bajo el peso de las bolsas de compras. Sin embargo, el contraste que con mayor intensidad golpea al espectador es el que marca el largo camino que han recorrido estas muchachas entre el desparpajo y los encendidos alegatos en defensa del género que campeaban en sus primeras incursiones en la pantalla chica hace más de una década y la exposición de comunes contratiempos hogareños que las afligen ahora.
Hay un problema de formato: las posibilidades que brinda el desarrollo de personajes y situaciones a través de capítulos breves a lo largo de toda una temporada nada tienen que ver con las limitaciones del guión de un largometraje; eso salta a la vista a pesar de que el director se toma algo más de dos horas para completar el relato.
Y la pintura del carácter de cada una de las protagonistas se vuelve muy dura porque no hay espacio para describir los matices que, precisamente, hacían muy interesantes los planteos de la serie televisiva. Entonces prima el trazo grueso, se extrañan las sutilezas y lo que, en otro contexto, daba lugar a una réplica aguda o ingeniosa aquí conduce con frecuencia a una grosería.
La película intenta dar espectáculo en cada fotograma y lo consigue desde el punto de vista de la ambientación y del vestuario; sin embargo, no hay un solo hallazgo formal que rompa la monotonía de un encuadre rutinario y de un montaje sin sorpresas. En cuanto a las actuaciones, poco de novedoso se puede esperar de un elenco que viene transitando las mismas situaciones desde hace muchos (¿demasiados?) años. Claro que nada de esto les va a interesar a los fanáticos de la serie, que se cuentan por millones y que son los verdaderos (y únicos) destinatarios de este tipo de producciones.