Las comisarías son noticia cada vez que se escapa un preso y también cuando el gobierno anuncia modificaciones edilicias, como ocurrió con la seccional 4º en octubre pasado o la 13º hace dos meses. Pero su tarea fundamental, la de la atención a los problemas del vecino, no aparece en los medios de comunicación -salvo que haya fuertes conflictos, como los denunciados en la escuela de Villa 9 de Julio-. Esto, a pesar de que las seccionales aparecen en el imaginario popular como el primer lugar al que se puede acudir en busca de ayuda del Estado ante agresiones, problemas de vínculos que no se pueden resolver y emergencias de toda índole, desde un accidente; la presencia de extraños en el barrio o el temor que genera un perro suelto en la vereda, hasta el drama del gato regalón que no puede bajar del árbol. Pregunte en la comisaría sobre los requerimientos de los vecinos, y tendrá una idea clara de cuál es la función real del policía en el barrio.

Sin embargo, el imaginario popular no coincide con las respuestas que se pueden dar a los problemas vecinales. Lo reconoce el comisario Luis Baca, de la seccional 10º, que dice que tiene 13 hombres para una jurisdicción de unos 150.000 habitantes, con cinco escuelas ubicadas en una zona de fuertes conflictos. Entre las tareas burocráticas -se incluyen tanto las cuestiones administrativas como la obligación de llevar y traer partes a Tribunales o las custodias exigidas por la Justicia- y las cotidianas complicaciones derivadas, por ejemplo, de la actividad escolar (cuidar el tránsito a la salida o la entrada de las escuelas) no queda mucho por hacer. De allí a la queja de los vecinos frente a problemas explosivos hay un paso muy pequeño. Nunca están el único auto o las tres motos asignadas a la comisaría, y el cupo diario de nafta jamás les alcanza.

El problema es parecido en todas las comisarías de zonas periféricas: la 3º (abarca un área muy amplia, al igual que la 8ºy la 4º), la 5º, la 6º, la 9º, la 11º y la 14º; en cuanto a la 12º, tiene un local pequeño y abarca un área de barrios de clase media al oeste capitalino, aunque suele haber frecuentes problemas en el barrio Oeste II, con su conflictiva manzana K. Lo mismo ocurre con la 7º, de amplia jurisdicción en Villa Luján, que recibe los dramas de la Bombilla, que está en jurisdicción de la 6º.

Todas tienen áreas de al menos 40.000 personas con una dotación de más o menos 50 hombres distribuidos en unos 15 agentes por día. Y en algunas partes donde suele haber más gente, el problema edilicio es espantoso: es el caso de la populosa comisaría de Yerba Buena, que está unida a la Brigada Norte y al Registro Civil en una casa que se cae a pedazos y de la cual se escaparon cuatro presos en febrero pasado. "Creo que uno de los pocos sectores en los que no invertimos fue en las comisarías", dijo en febrero el gobernador, José Alperovich, que en el momento de inaugurar la nueva seccional 4º, el año pasado, explicó que ese era el nuevo concepto de cómo querían que sean las comisarías en la provincia.

Pero las autoridades parecen pensar que se trata sólo de un asunto edilicio, lo cual induce a equívocos. La actual conducción de la fuerza de seguridad ha tratado de suplir la carencia que fue dejando el progresivo olvido de las seccionales, con la apuesta a fondo por su Patrulla Motorizada, que avanza en motos por toda la provincia, y con la ayuda que pueden dar el Comando Radioeléctrico -que trabaja con el concepto de respuesta rápida- más las áreas investigativas y algunos destacamentos. Pero el patrullero motorizado, aunque vigila, no parece estar para recibir las quejas de los vecinos ni para conocer los problemas del barrio, sino para tratar de perseguir ladrones. Es un cuerpo de reacción, no de prevención.

Ni lo bueno, ni lo malo

El problema termina siendo de organización y control (o en la falta de ambos). En los últimos años aumentaron los recursos en personal y en equipamiento. Pero, por un lado, la distribución sigue siendo caótica: durante la visita de Néstor Kirchner a la provincia, en la seccional 10º sólo hubo dos policías para cubrir a las 150.000 personas de su área. El resto de agentes estaban asignados al operativo en la sede del PJ. Por otro lado, a los policías los afecta severamente la falta de control. Nadie se fija en lo que hacen los comisarios en las seccionales; comisarios que, por otra parte, duran lo que un suspiro. No se sabe si hacen bien o mal las cosas, si los agentes están trabajando en las tareas requeridas o en servicios adicionales, ni si tienen necesidades reales o ficticias: no hay un control adecuado ni de lo bueno ni de lo malo; esto sólo estalla cuando aparecen los conflictos. Sin ir más lejos, el agente que debía controlar ayer a mediodía la salida de escolares en la escuela Blas Parera llegó tarde.

El policía de comisaría, que en el imaginario popular es el primer contacto del vecino con el Estado protector, el que tendría que prevenir los conflictos en el barrio, saber qué está pasando y elaborar el mapa de los problemas vecinales, hoy está en el olvido. Lo carcomen la burocracia, la falta de elementos de trabajo y el desinterés de sus propios jefes.