En la semana del Bicentenario, que acaba de concluir, se ha tejido un sinnúmero de elucubraciones sobre la marcha de la política y de la economía, y sobre una presunta mejora en la visión que la población en general tiene sobre el matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner. La gran convocatoria que se logró durante los actos oficiales por la fecha patria, más el despliegue que impuso el peronismo tucumano para recibir el jueves a Néstor en nuestra provincia, abonaron la idea oficial de que la brecha que separaba al kirchnerismo de los sectores sociales de niveles económicos medios y altos comenzó a achicarse. Pero el divorcio con el campo se mantiene, y todo parece indicar que el posible acercamiento oficial hacia este sector -uno de los principales sostenes de la economía argentina- quedará para el último en la carrera por el poder que se lanzó con vistas a 2011.
¿Qué puede esperar el agro de un Gobierno que se las ingenió para no otorgarle absolutamente nada desde mediados de 2008, cuando culminó el conflicto que enfrentó a ambos sectores durante cuatro meses? No mucho, seguramente. El kirchnerismo manejó con habilidad su propia crisis y logró neutralizar completamente el triunfo que había logrado el campo cuando el voto "no positivo" del vicepresidente Julio Cobos puso fin a las pretensiones oficialistas de imponer mayores gravámenes a la soja, el cultivo estrella de la Argentina en los últimos años. Pareciera como si jamás el oficialismo hubiera perdido las elecciones legislativas nacionales del 28 de octubre, ni que el campo hubiese logrado conformar un bloque de parlamentarios ruralistas en la Cámara de Diputados. Todo sigue igual, o peor, que antes de aquellos sucesos.
Y ahora, cuando las aguas en el Gobierno central parecen haberse aquietado y cuando los números de la macroeconomía se presentan favorables para el país -aunque el tema inflacionario sigue siendo el verdadero demonio a vencer- los discursos desde los máximos niveles de poder parecen haber bajado de tono. Pero eso no significa que se haya puesto en marcha alguna campaña de olvido o de perdón de las rencillas que mantenía el Gobierno con la oposición, y menos con el campo.
Desmovilización
La dirigencia ruralista se hace eco de los reclamos de sus bases, los productores, y organiza protestas aisladas, pero en ningún caso con tendencias que pudieran preocupar a las autoridades. En los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810 hubo actos en distintos puntos del país, pero con poca afluencia de gente (en Tucumán, apenas se juntaron 70 productores). La cruzada del campo ya no concita a la clase media, que tanto apoyó al sector cuando la causa era la oposición a la resolución 125, que establecía retenciones móviles a las exportaciones de soja y sus derivados, entre otras medidas. Las convocatorias de los agropecuarios ni siquiera tientan a sus propias bases, lo cual habla de un marcado estado de desmovilización en el campo, pese a que los problemas que se cuestionaban en 2008 persisten, agravados porque los costos continúan en alza, con precios de las producciones no del todo satisfactorios. Para colmo, los agricultores insisten en que el Estado obstaculiza la exportación de trigo y de maíz, en los problemas para elaborar las cartas de porte y ahora suman la posibilidad de que se instrumente un nuevo gravamen al transporte de mercaderías. Y ni hablar de los anuncios oficiales sobre compensaciones o ventajas para los productores, que los ruralistas aseguran que jamás se concretaron en medidas reales. ¿Y las retenciones? Ni el más optimista de los ruralistas se imagina alguna manera de eliminarlas, al menos no mientras el kirchnerismo perdure en el poder.
Al menos, en Tucumán el sector agropecuario logró aceitar vínculos con el gobernador, José Alperovich, uno de los mandatarios argentinos más cercanos al kirchnerismo, quien se comprometió a lograr que el Estado nacional otorgue compensaciones a los fletes, que encarecen el proceso productivo a raíz de la distancia que separa a nuestra provincia de los puertos. El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, dejó en claro en nuestra provincia que al menos durante el actual ejercicio presupuestario no habrá ayuda estatal para abaratar el transporte en esta parte del país, de manera que a los ruralistas parece no quedarles otra salida que esperar que Alperovich insista con el asunto.