Néstor Kirchner está en campaña. No lo admite, tampoco hace falta, los peronistas no necesitan de dichos explícitos, para ellos bastan los gestos para intuir a quién hay que seguir. Es así en el mundo kirchnerista, y también en el de los disidentes del justicialismo, los dos grupos que saben que lucharán por el poder y que la batalla central pasará por captar el voto independiente o indeciso -el que resuelve los comicios-, que deberá elegir entre dejar el manejo del país en uno de los dos bandos peronistas o arriesgarse con un radical. Pero todos, todos, los de aquí y los de allá, saben que no es tiempo de definiciones electorales, para eso falta y hay tiempo aún. Hoy es el de la cocina, de los preparativos, de los amagues y las palmadas.
Kirchner pasó el jueves por Tucumán. No dejó definiciones para 2011 -nadie las esperaba-, pero sí un cúmulos de señales para los peronistas. No hubo fotos de brazos levantados con los gobernadores José Alperovich o Daniel Scioli, con uno o con ambos. Fue una imagen que se cuidó de elaborar para evitar lecturas comprometedoras que puedan entorpecer el camino electoral. Sí hubo elogios, no sólo los de ocasión para la gestión del mandatario tucumano -algo que se viene repitiendo dentro del kirchnerismo, por lo que no debía llamar la atención-, sino para  alguien que tal vez en los papeles no parecía que iba a ocupar un plano relevante en el acto: la senadora Beatriz Rojkés. Lo llamativo es que las loas no bajaron sólo del patagónico, sino también de Scioli y de Hugo Moyano. La tucumana, al margen de ser la presidenta del PJ local, es una integrante clave de la comisión bicameral de seguimiento de los DNU, y se viene mostrando como una acérrima defensora de los Kirchner. "Son conductores que saben lo que quieren para el país", apuntó. Es la socia política ideal, de una lealtad a prueba de balas y a quien no le tiembla la voz cuando debe calificar de traidor al vicepresidente, Julio Cobos. Si no hubo brazos levantados porque la prudencia lo aconseja, y si existieron elogios a una tercera persona, no es tiempo de preguntar si el kirchnerismo está reservando un papel especial para Rojkés de Alperovich en 2011. Ella deslizó esta semana que no aspira a suceder a su marido en la provincia.
Entonces, ¿podría ser la eventual compañera de fórmula de Kirchner? Si un hombre "traicionó" a una mujer presidente cabe esperar -o apostar- a que una mujer no traicione al hombre presidente. Por lo menos la senadora tiene el perfil confiable que necesitan los patagónicos. Claro que es clásico que en un binomio presidencial sea un bonaerense el que lo integre, por ser esa provincia el distrito electoral que determina el resultado final de una elección. Sin embargo, precisamente fueron los Kirchner los que en 2007 rompieron esa tradición: eligieron a un mendocino para copiloto. ¿Por qué no pensar en un tucumano como Alperovich? Es lo que se comenta en voz baja. O bien, ¿por qué no pensar en una tucumana también? Es una alternativa que implicaría una sorpresa. Y mayúscula. ¿Merece el alperovichismo semejante premio?, ¿necesita el patagónico de una mujer del interior que lo acompañe en la fórmula?, ¿lo aceptaría el resto del kirchnerismo? Entre tantos interrogantes, tal vez la pregunta a hacer es qué le aportaría Rojkés al patagónico, electoralmente hablando. Además de seguir revalorizando el rol de la mujer en los primeros planos institucionales, cabría detenerse en el papel que puede jugar la condición de judía de la senadora, en cuanto a la repercusión política en esa colectividad, que aun sigue clamando justicia por los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel. Bueno, como se dijo durante la semana, pueden ser especulaciones -en el PJ son válidas- con algo de imaginación, pero con algún tipo de asidero.
¿Quedó algo más de la visita de Kirchner a Tucumán? Nada nuevo, sólo su discurso en un tono desconocido, no por lo moderado, sino por lo tranquilo; ya que insistió con el ataque a la prensa, a la oposición "que le pone trabas en la rueda" a su esposa y contra los justicialistas que no quieren dar batalla en el partido, bajo las reglas que él impuso: elecciones internas abiertas, obligatorias y simultáneas. Para los disidentes es una trampa. Valga recordar que en 2003 el peronismo presentó tres fórmulas presidenciales porque no hubo internas. La Justicia le facilitó al peronismo que su propia contienda la dirimiera en los comicios nacionales. Seguramente Kirchner no quiere que se repita la historia, aspirará a doblegar a los antikirchneristas en la primaria partidaria para luego ser el aspirante único a la presidencia por el PJ. Caso contrario, y es a lo que puede temer, se puede repetir el proceso: que lleguen al balotaje dos binomios justicialistas y que a él le toque jugar el papel de Carlos Menem: ser primero y, finalmente, no llegar. El juego está en la mesa, más no se sabe con qué jugadores se desarrollará, por lo menos en el peronismo kirchnerista. Se puede dejar volar el pensamiento y reducir las posibles fórmulas a, por ejemplo: Kirchner-Scioli, Kirchner-Alperovich, Kirchner-Rojkés, Kirchner-Gioja, o las sorpresivas Kirchner-Kirchner o Cristina-Rojkés. ¿Quién no dice que finalmente algunos de estos binomios termine representando al kirchnerismo?
¿Qué harán los kirchneristas hasta la definición de las candidaturas? Gestionar. Alperovich puede sacar pecho en este caso, ya que Kirchner casi le copió el discurso que, a diario, el titular del PE repite ante los periodistas: la mejor forma de hacer política es trabajar, no es tiempo de candidaturas. Kirchner prácticamente lo parafraseó el jueves, cuando en forma pausada manifestó que no hay que pensar en las urnas, que hay que gestionar para mejorar el país y que hay que evitar la confrontación. Son los ejes básicos del discurso del tucumano, y lo que le permitió ganar elecciones.  Entre el círculo de colaboradores, Alperovich señala con orgullo que Kirchner ahora lo escucha. Precisamente, en un diálogo reciente con LA GACETA, Alperovich remarcó que el humor de la gente está cambiando con respecto de los patagónicos en cuanto a que los está valorizando de una manera positiva. Eso, en otras palabras, significa que están mejorando en las encuestas que maneja el oficialismo. Entonces,  hasta después del Mundial y hasta comienzos de 2011, el discurso y la acción kirchnerista se basaría en apuntar la administración -económicamente las cosas están mejorando para el país, especialmente en comparación con el resto del mundo-, en no confrontar -atenuar las peleas con los sectores opositores, algo que parece impracticable por parte de los Kirchner, ya que la pelea está en su naturaleza- y en no hablar de candidaturas presidenciales. En Tucumán, por lo menos en este tema, no hubo definiciones, más allá de que el peronismo mostró su impresionante maquinaria movilizadora, como en las mejores épocas de campañas. ¿El peronismo, o el alperovichismo, tenía que demostrarle algo a Kirchner? Sólo lealtad, organización, capacidad de movilización y, sobre todo, que  le responde a una persona en la provincia: a Alperovich.
¿Qué mostró Kirchner a los peronistas tucumanos? Los que estuvieron en la sesión del consejo nacional del PJ, en la flamante sede partidaria, sintieron que estaban frente a "un estadista" y frente a "un  líder", según confesaron algunos. Es que el patagónico habló casi una hora, "un tiempo sin desperdicio", al decir otro un asistente, y bajó linea en materia de política internacional; aludió al posicionamiento de la Argentina en la región y subrayó que cada dirigente, en sus respectivas posiciones, debe trabajar en la gestión, "sin pensar en las urnas" (concepto que repitió después en público). Además comparó al país con la situación que atraviesan los países europeos. En este aspecto aseguró que "el FMI se está equivocando con las recetas" para esas naciones y que la Argentina debe estar preparada para la crisis mundial que se avecina. Tiró cifras, estadísticas y elogió la gestión de Alperovich y de "Betty". Los que lo escucharon afirman que no habló de postulaciones, sino de un proyecto político que comenzó en 2003 y que debe mantenerse en el tiempo. No hacía falta que lo hiciese, los entendedores decodifican bien en el justicialismo. Aunque no haya habido definiciones electorales, todos los peronistas saben qué es lo que tienen que hacer en adelante, por lo menos hasta los primeros meses de 2011.