Fue una semana de mayo en la que la distancia entre Tucumán y Buenos Aires pareció mucho más larga que los 1.400 kilómetros que marcan los mojones viales. En Buenos Aires, el fin de semana largo, un "aluvión zoológico" en el que se conjugaron todas las tonadas del interior con la neutralidad porteña se adueñó de la -por lo general- unitarísima Buenos Aires.
Los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo deslumbraron hasta a la oposición política del kirchnerismo, que -tras destacar la inocultable ausencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la gala de la reapertura del Teatro Colón- salió a reivindicar la fiesta cívica y sensorial que se vivió en Buenos Aires entre el viernes y el martes.
Una cifra estimada de tres millones de argentinos de todo el país festejó sin pausa...y no hubo ni un rasguño.
A 1.400 kilómetros de distancia, también en mayo, Tucumán parecía "otro país". Hace menos de una semana, en la plaza Independencia, alrededor de 2.000 adolescentes se encontraron en la Plaza Independencia, en respuesta a la invitación vía Facebook a una yuteada colectiva. El resultado del faltazo regado por litros de alcohol (¿ y el IPLA, dónde estaba?) cinco jóvenes demorados por la Policía y tres casos de agresión con armas blancas y patadas en la cara. Las agresiones comenzaron por la mañana y se prolongaron hasta la tarde, ante la presencia casi impávida de las fuerzas policiales, que acaso habrán tenido ese día la consigna de "persuadir, sin reprimir". Sin éxito, por lo que se vio.
Esta semana, en los ¡festejos por el Bicentenario¡, en Concepción, una maestra denunció haber sido agredida por la madre de una alumna, que la increpaba porque no había elegido a su hija para llevar la bandera en la fecha patria.
También por estos días llegó a LA GACETA la carta de un lector que denunciaba hechos de violencia de alumnos hacia docentes en una escuela ubicada en el corazón de Villa 9 de Julio. Tanto desde el Servicio Social Educativo (SASE) como desde la Regional policial de la zona se confirmó que las agresiones entre pares son moneda corriente en los establecimientos educativos de ese barrio. Y no son los únicos ejemplos de violencia que involucran a tucumanos que están insertos en el sistema educativo (para no hablar de "violencia escolar). También implican violencia situaciones como las que vienen denunciando desde hace tiempo docentes de la Escuela Agrotécnica de Amaicha del Valle, que aseguran que en el área administrativa de Educación les habían cajoneado expedientes.
¿Cómo se explica que en una concentración de millones de personas no haya ni un raspón, y que en otros ámbitos mucho más reducidos se genere tanta violencia? La comunidad tucumana, ¿es más violenta que el crisol que se adueñó de Buenos Aires, con centenares de tucumanos incluidos? Aceptar ese planteo sería caer en puro reduccionismo. Acaso una pista para iluminar el fenómeno la haya dado la propia directora del SASE, Susana Tahuil, cuando le dijo a LA GACETA que ni siquiera los directivos del establecimiento habían querido dar a publicidad el hecho. En otras palabras, que la salvación llega por el silencio. En el caso de Concepción, si una madre golpea a una maestra, ¿cómo procesa la hija ese mensaje? Es de suponer que la diferencia entre el faltazo con color de crónica roja y la fiesta aluvional de Buenos Aires está en el "para qué" de la convocatoria. En el festejo del Bicentenario de la revolución de mayo, estaba muy claro el para qué; y así resultó la fiesta. Detrás de la yuta del 21 de mayo, y en los episodios de violencia entre pares o hacia docentes (o entre docentes), se sospecha que falta el para qué; y que eso se manifiesta en un "malestar de la cultura" que en este tramo se ha puesto de manifiesto en escuelas públicas, en los segmentos sociales más vulnerables, pero que, no hace falta recordarlo, atraviesa con prisa y sin pausa a todas las clases sociales. Quizás, el proyecto de un 2016 que sea una fiesta pueda ser el para qué que está faltando.