El conflicto con los autoconvocados de la salud desnudó que, también en el seno del Gobierno, cada cual atiende su juego. Al menos entre los ministros. Sólo así puede explicarse que, desde abril de 2009, cuando surgió el movimiento, los trabajadores penen por ser tomados en cuenta a la hora de negociar mejoras salariales para el sector.
La de internas en el poder no es una historia nueva, pero sí lo es aquella que narra el capítulo entre el titular de la cartera de Salud, Pablo Yedlin, y de Gobierno, Edmundo Jiménez. En rigor, las diferencias de criterio respecto de cómo afrontar los reclamos de la "sanidad para-institucional" (alejados de los gremios ATSA y AME) atentaron contra una rápida solución al conflicto ya durante el año pasado. Por un lado, Yedlin siempre se mostró partidario de que la cuestión salarial sea resuelta en el ámbito más propicio: el Ministerio de Gobierno. Sin embargo, el titular de esa cartera evitó cuanto tiempo pudo aceptar esa empresa, teniendo en cuenta que esa acción terminaría por deslegitimar los acuerdos que él mismo había rubricado con los sindicatos que representan a los estatales. Amén del malestar que generaría esa decisión entre la cúpula de dirigentes gremiales, que temen por una fuga masiva de afiliados.
Finalmente, la fuerza que tomó el conflicto y la mediación de la Iglesia llevó a que el propio Jiménez firmara el acta acuerdo con los autoconvocados, el 26 de noviembre del año pasado. Pero, ya durante este año, esa interna en la Casa de Gobierno volvió a reeditarse: el convenio preveía la inclusión de los autoconvocados en las negociaciones paritarias. Sin embargo, ningún referente del sector accedió a una audiencia con el ministro de Gobierno, pese a que el funcionario citó a todos los sindicatos a paritarias. Hoy, ese es el principal reclamo que mantiene en pie las protestas en la salud pública.
Ayer, durante los festejos por el Bicentenario, tanto Yedlin como Jiménez sacaron a luz las diferencias. El titular de Salud felicitó a los autoconvocados por su decisión de institucionalizarse mediante la creación de un gremio. "Pero no podemos estar sentados esperando a que concluya el proceso de sindicalización con los hospitales trabajando a media máquina", advirtió. De inmediato, Yedlin sostuvo que no fueron negociaciones paritarias de las que participaron ATSA y AME, sino que las subas salariales se dieron a cuenta de los acuerdos definitivos que se realicen en ese campo; aunque aclaró que este tema lo maneja personalmente el ministro de Gobierno.
En tanto, Jiménez fue más categórico al referirse a la conformación del Sindicato Unico de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (Sitas). "Las negociaciones salariales se hacen con los gremios, y me parece muy bien que ellos decidan ser un sindicato. Entendieron que deben enmarcarse dentro de la legalidad, lo cual es muy bueno. Cuando tengan la personería, tendrán el derecho pleno de sentarse en la mesa de discusión por los sueldos. En ese momento, tal como manda la ley, serán convocados", afirmó el ministro de Gobierno.
La de internas en el poder no es una historia nueva, pero sí lo es aquella que narra el capítulo entre el titular de la cartera de Salud, Pablo Yedlin, y de Gobierno, Edmundo Jiménez. En rigor, las diferencias de criterio respecto de cómo afrontar los reclamos de la "sanidad para-institucional" (alejados de los gremios ATSA y AME) atentaron contra una rápida solución al conflicto ya durante el año pasado. Por un lado, Yedlin siempre se mostró partidario de que la cuestión salarial sea resuelta en el ámbito más propicio: el Ministerio de Gobierno. Sin embargo, el titular de esa cartera evitó cuanto tiempo pudo aceptar esa empresa, teniendo en cuenta que esa acción terminaría por deslegitimar los acuerdos que él mismo había rubricado con los sindicatos que representan a los estatales. Amén del malestar que generaría esa decisión entre la cúpula de dirigentes gremiales, que temen por una fuga masiva de afiliados.
Finalmente, la fuerza que tomó el conflicto y la mediación de la Iglesia llevó a que el propio Jiménez firmara el acta acuerdo con los autoconvocados, el 26 de noviembre del año pasado. Pero, ya durante este año, esa interna en la Casa de Gobierno volvió a reeditarse: el convenio preveía la inclusión de los autoconvocados en las negociaciones paritarias. Sin embargo, ningún referente del sector accedió a una audiencia con el ministro de Gobierno, pese a que el funcionario citó a todos los sindicatos a paritarias. Hoy, ese es el principal reclamo que mantiene en pie las protestas en la salud pública.
Ayer, durante los festejos por el Bicentenario, tanto Yedlin como Jiménez sacaron a luz las diferencias. El titular de Salud felicitó a los autoconvocados por su decisión de institucionalizarse mediante la creación de un gremio. "Pero no podemos estar sentados esperando a que concluya el proceso de sindicalización con los hospitales trabajando a media máquina", advirtió. De inmediato, Yedlin sostuvo que no fueron negociaciones paritarias de las que participaron ATSA y AME, sino que las subas salariales se dieron a cuenta de los acuerdos definitivos que se realicen en ese campo; aunque aclaró que este tema lo maneja personalmente el ministro de Gobierno.
En tanto, Jiménez fue más categórico al referirse a la conformación del Sindicato Unico de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (Sitas). "Las negociaciones salariales se hacen con los gremios, y me parece muy bien que ellos decidan ser un sindicato. Entendieron que deben enmarcarse dentro de la legalidad, lo cual es muy bueno. Cuando tengan la personería, tendrán el derecho pleno de sentarse en la mesa de discusión por los sueldos. En ese momento, tal como manda la ley, serán convocados", afirmó el ministro de Gobierno.