Las Bolsas pierden en el año y la fuga de confianza reflejó lo difícil de restablecer la relación entre la producción global y el exceso de negociación de activos por el abuso de la especulación. En las ruedas caen las cotizaciones y las pérdidas billonarias solo se detendrán cuando toque piso el blanqueo de los quebrantos y la rotura de burbujas.
El buen dato que Estados Unidos volvió a captar compradores en marzo a sus valores a plazo contrasta con el enorme déficit fiscal de abril, un mes de muy buena recaudación. Mientras Grecia que pudo pagar con ayuda en la semana no pudo frenar el desplome en los mercados. La recuperación en el país del norte no es tan firme y el contagio en Europa trae consecuencias globales.
Los inversores desconfían porque no tienen seguridad y esperanza entre tanta información contradictoria que instaló la volatilidad con fuertes pérdidas. Por encima de todo ven mucha burbuja pública y burbuja privada con pocas soluciones -desde la misma caja- y frente a un ajuste inevitable que viene duro.