El clima en la Costanera está caldeado. La filmación que dio a conocer LAGACETA.com sobre la venta y el consumo de "paco" en esas calles no pasó inadvertidaen el vecindario. "El 90% de las criaturas están con esa porquería. Algunos tienen ocho años, pero parecen muertos andantes. Aquí vivimos muchas personas de trabajo, pero realmente son cada vez más los que se dedican a vender", contó uno de los vecinos. El reside a una cuadra de la casa de los dealers que fueron captados por la cámara y, como todos los que se atreven a hablar sobre la droga en su barrio, prefiere mantener en secreto su identidad.
La última vez que la Policía realizó un allanamiento en ese sector de la capital fue hace más de dos meses. "Nosotros realizamos recorridos preventivos junto con la Patrulla Motorizada y con personal de la Regional Capital. Durante estas tareas, quizás se detecte que algún chico esté consumiendo drogas en la calle. Pero no nos consta que sea en grandes cantidades. De todas formas, ante cada caso, se le transmite la información a la Digedrop, a la Policía Federal o a Gendarmería, que son los tres organismos especializados en esta área. Si nosotros damos un mal paso, podemos llegar a arruinar una investigación de varios meses", explicó el comisario Héctor Carabajal, jefe de la seccional 11ª, que tiene jurisdicción sobre parte de la Costanera.
El viernes, un hombre instaló una cámara a metros de una iglesia que está en el barrio 2 de Abril, una de las zonas calientes de los márgenes del río Salí. Así, logró filmar cómo hacen sus negocios los dealers.
"Eso no pasa solamente aquí, sino en toda la Costanera. Son muchos barrios los que están así", dijo una vecina. En su cuadra, los "transas" y los chicos adictos ya salieron de los lúgubres callejones que los guarecían. Desde sus casas, muchos adultos observan impotentes el comercio cotidiano: una mano con dedos delgados entrega un billete con la estampa de José de San Martín; a cambio, recibe un papel metalizado que contiene "la gilada", como llaman en la jerga del vecindario al "paco".
Los adictos no pueden esperar a llegar a sus casas. A plena luz del día, sacan bombillas rotas, arman sus pipas y fuman los residuos de la pasta base de cocaína. Muchos adolescentes amanecen en las calles, tirados en alguna vereda y, a los pocos minutos, vuelven al ruedo.
"Cada vez es peor acá, porque nadie hace nada. Para nosotros, los chicos ya no tienen futuro. Nos estamos acostumbrando a ver nuestros hijos drogados; muchos padres y madres ya están esperando nada más que se mueran", afirmó María, quien reside cerca de la escuela de la zona.
Denuncias
En el Caps de la Costanera aseguran que los robos son frecuentes. "El último mes hicimos tres denuncias. Está muy complicada la cosa; una viene a trabajar y casi pone en juego la vida", le contó a este diario una trabajadora del centro asistencial.
El comisario Carabajal aseguró que, gracias a los patrullajes, desde hace varios meses no se perpetran delitos graves en la zona. "La mayoría de los hechos están vinculados a situaciones de violencia familiar o vecinal. También intervenimos en arrebatos, generalmente a la mañana, que son cometidos por chicos amanecidos que aprovechan cuando la gente sale a trabajar", describió el policía.
María dijo que no piensa en denunciar a los dealers. "¿Para qué? -dijo-. Directamente tratamos de que los chicos que están sanos no caigan. Nadie les dice nada, porque a ellos no les interesa más que la plata".
Otra vecina afirmó que en cada cuadra del barrio hay algún puesto de venta de drogas. "Parece que vendieran aspirinas. Y encima todos esos tipos están armados. También hay muchas mujeres. Esto está cada vez peor y, realmente, no le veo una salida", dijo con resignación.