Hace un tiempo, un miembro de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos dijo que el museo no es un panteón sino un lugar de la memoria donde la gente se reencuentra con su historia. No tiene que ser un lugar que aburra y si eso llegara a ocurrir es porque algo se ha hecho mal. Consideró que la incorporación de nuevas tecnologías a los espacios culturales pueden ser un atractivo, pero son válidas si sirven para comunicar, pero si se transforman en un fin pierden el sentido.

Pocos días atrás, destacamos en estas columna la reapertura del Museo Miguel Lillo de Ciencias Naturales, en cuyo rediseño se empleó un lenguaje museográfico moderno que se apoya en el empleo de tecnología multimedia (proyección de sonido e imágenes), en la iluminación pensada para resaltar los objetos, así como la inclusión de sectores lúdicos.

Es positivo cuando la gente se adueña de ellos, los recorre, los asume como parte de su patrimonio. Eso sucedió, por ejemplo, con la tercera edición de la Noche de los Museos que se desarrolló el sábado pasado en nuestra ciudad y algunos lugares del interior. En esta ocasión participaron 31 espacios culturales, en los que hubo alguna actividad musical, coreográfica o teatral. Se programó un tour por cinco circuitos museológicos diferentes, con guías especializados, se pusieron 20 ómnibus a disposición del público y el traslado fue gratuito.

El frío y la llovizna tenue, pero molesta, no amedrentaron a público de todas las edades, incluyendo familias y extranjeros que participaron activamente de esta propuesta y disfrutaron de las exposiciones y de la actividad programada. En el Museo de Bellas Artes "Timoteo Navarro", el Ballet Contemporáneo de la provincia presentó un espectáculo sobre la obra musical "Tormenta de Huasamayo", del artista plástico Enrique Salvatierra, que se encuentra exponiendo en esa sede. En el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán se escuchó pop lírico; en iglesia San Francisco, música clásica, y en el Museo Histórico "Nicolás Avellaneda", tangos.

"La noche de los museos" nació en Berlín en 1977 y con el tiempo más de 130 ciudades europeas tomaron la idea. El Consejo de Europa tomó esta iniciativa. La primera edición en la Argentina y en América latina se llevó a cabo en Buenos Aires en 2004 y a partir de allí se sumaron otras ciudades argentinas. Dos veces por año (en enero y en agosto) tiene lugar en la capital germana la "Lange Nacht der Museen" (La larga noche de los museos). En la noche del sábado al domingo, alrededor de 100 museos abren sus puertas al público e invitan a conocer colecciones grandes y pequeñas, famosas y no tan prestigiosas. Además de las exposiciones habituales, se ofrece a los visitantes nocturnos conferencias, danza, teatro, visitas guiadas y bufés exóticos para recuperar fuerzas entre museo y museo. También se pone a disposición un servicio de autobús para transportar a todos los trasnochadores de un museo a otro.

Ya sea por, curiosidad, esnobismo o por verdadero interés, este tipo de experiencias concita la atención de muchos tucumanos, tal vez por lo original la propuesta. Es un modo diferente de recorrer nuestros museos, en muchos casos en familia, un hecho que no es habitual. Sería auspicioso si en cada ciudad o pueblo del interior, por ejemplo, se incentivara a sus pobladores a tener su propio museo de objetos o de fotografía. Por otro lado, la exitosa iniciativa podría repetirse en la segunda parte del año o que hubiese mañanas o siestas de los museos, en las que participaran los alumnos de los ciclos primario y secundario, y que ellos mismos aportaran a la actividad alguna expresión artística. Se trata de que valoremos lo que es nuestro y para lograrlo antes hay que conocerlo.