Las miserias humanas habitan el silencio. Se esconden en los más recónditos e inesperados agujeros negros de la conciencia. Están ahí. Se escapan cuando nadie las ve y así confirman su existencia. Hasta que alguien las atrapa y las muestra como ocurrió esta semana cuando un triste modelo de la política universitaria fue encriptado en una desvergonzada cámara oculta.

Hizo falta mucha trampa para demostrar que alguien estaba dispuesto a hacer trampa.

El video muestra a Ramiro Moreno prometiendo cargos a cambio de votos para elegir a la máxima autoridad académica de Tucumán.

Cuando las miserias humanas salen a la luz quedan al descubierto vergüenzas, corrupción, mentiras, engaños, intrigas, dudas, odios, venganzas o muchos otros sentimientos que están -seguramente- reñidos con la ética y con la sagrada obligación de elegir, aunque se trate del capitán del equipo de fútbol del barrio.

La filmación volvió a dañar la imagen de Tucumán al traspasar los límites geográficos de la provincia. Sacudió la hipocresía, pero golpeó muy fuerte a la Universidad Nacional de Tucumán. Fue tal el cimbronazo que el video actuó con la parsimonia de algunos venenos, pero con la infalible letalidad de otros.

Por eso las imágenes de Moreno ofreciendo contratos y contando cómo se iba a hacer la votación para elegir rector se repitió miles de veces a partir del lunes, pero la comunidad universitaria empezó a reaccionar casi al fin de semana. No incidió ni un ápice en la elección de decanos del miércoles pasado. Los conductores de 13 facultades se deben haber sentido un poco afiebrados, pero no quedaron postrados. Los síntomas del escándalo empezaron a palparse sobre el jueves y el viernes cuando en los corrillos la palabra intervención o corrupción tenían más eco que elección. Los tribunales federales se convirtieron en la visita obligada de muchos desencantados de la vida universitaria.

En el edificio de Las Piedras y Congreso, el fiscal general Antonio Gómez se convirtió en el adalid de la Justicia. Obnubilado por los flashes, cámaras y grabadores -que él deja pasar claro, porque hay medios a los que ni siquiera les atiende el teléfono-, el doctor Gómez puso la mira sobre la administración cerisolista que alguna vez supo tender puentes hacia la Justicia Federal a través del mismo Ramiro Moreno.

"Yo señor, no señor"

Cerisola no siguió recto. Zigzagueo apenas se enteró del escándalo en el que había quedado envuelto su funcionario. Varias horas después de que se hizo público el video el titular de la UNT resolvió la situación con un eufemismo: separó del cargo a Moreno. Más allá de si el funcionario es declarado culpable o no de algún delito, a Cerisola le faltó una decisión política fuerte. ¿Qué significa esperar a ver qué dice la investigación judicial? En las imágenes se ve a este funcionario sugiriendo algo indeseable para la comunidad, más allá de si hay o no delito. En el filme, Moreno dice que el rector sabe de la negociación de contratos por un total de $ 600.000 en cargos (cinco contratos por cuatro años de $2.500) y Cerisola sólo desmiente afirmando que no tiene nada que ver con esos dichos cuando tal vez el mejor mensaje hubiera sido decirle a Moreno que renuncie por mentir que el titular de UNT sabía lo que el dice que no sabía. Todo muy lamentable.

Pero, pareciera que estas miserias humanas siguen en segundo plano porque la preocupación central es quién gana el martes en la asamblea universitaria. Por eso el grupo de la candidata María Luisa de Hernández se desespera por mostrar que están lejos de estas miserias.

¿Son o no son lo mismo? Estuvieron mucho tiempo abrazados; les va a costar mucho diferenciarse. Moreno fue candidato del mismo sublema en el que el comandante en jefe del "pinismo", José Hugo Saab, se postuló como legislador hace ya muchos años. La candidata fue vicerectora del mismo grupo exactamente hasta que se enteró del video. Ello implica que durante por lo menos tres años fueron aliados en la gestión. Se han dado cuenta un poco tarde de que no son lo mismo y, si lo sabían de antes, no se lo hicieron saber a la comunidad educativa en el tiempo que correspondía.

"Calambres en el alma/ cada cual tiene un trip en el bocho / difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo", grabó Charly García cuando era flaco.

Dar la cara o dar el sobre

En la tristemente célebre filmación hecha con una lapicera en el bar de un hotel, Moreno sugiere que el martes la votación en la asamblea será secreta y con sobres cerrados en los que se pone el voto escrito con lapicera. Los mal pensados interpretan que de esa manera al avisar con qué lapicera se hizo y si el voto lleva algún punto u otra señal, después podría servir de comprobante para exigir el pago por el sufragio.

Cerisola salió a defender el voto cantado, pero cuesta creerle después del desgastante filme de su separado funcionario. Hernández, en tanto, defiende el voto secreto, pero hay gente de su entorno que piensa que lo mejor sería imprimir boletas de uno y otro para evitar que la lapicera manche -¿más aún?- estos comicios.

Por lo general en los colegios electorales el voto es nominal. Tal vez le haría muy bien a esta miserable democracia universitaria que cada uno de los asambleístas dé la cara y en voz alta grite el nombre de su candidato. Al fin y al cabo el voto es un valor trascedente donde el que sufraga entrega todo y no debería darle vergüenza a nadie expresarlo a "magna voce". Sería un poquito de oxígeno en este viciado aire universitario.

No sorprenderá a nadie -ya se vio esta historia en otras elecciones- que el próximo martes haya -aparte de los planteos judiciales- quienes intenten por la fuerza impedir que se realice la asamblea. También es posible que no falten algunos corpulentos para chocar con los primeros. Ojalá estos augurios no escriban otra página penosa en la vida de la UNT que no merece tanto mal trato.

El senador radical José Cano y el gobernador José Alperovich miran por televisión los acontecimientos que se suceden en la Casa de Estudios que alguna vez los albergó. Después de tantos choques entre ellos están coincidiendo en algo: ninguno quiere que los escándalos los salpiquen. Uno más que el otro han tomado prudente distancia, pero ambos deben reconocer ciertas patenidades con las criaturas.

Un final sin grandeza

Casi al mismo tiempo que el veneno inoculado vía "intranetosa" hacía efecto en la moral universitaria, el Consejo Asesor de la Magistratura salía con la cabeza gacha de otro suceso lamentable. El CAM sufrió un cimbronazo al conocerse que el secretario que obtuvo el más alto puntaje olvidó un dato clave en su currículum que justificaba su vínculo con la vicepresidenta del CAM, Carolina Vargas Aignasse. El error -intencional o no- ocurrió y Pablo Martín Mercado se quedó sin el cargo. El postulante rechazó el cargo y no dimitió, lo que hubiese significado aceptar - con sinceridad y altura- la falla.

Las instituciones vapuleadas de hoy necesitan actos de grandeza para no seguir perdiendo credibilidad.

Vacunación gratuita

Las nuevas generaciones que empiezan a tomar roles trascendentales en los lugares de poder no merecen malos ejemplos.

En Tucumán da la sensación de que cuanto más graves los episodios o los escándalos es más difícil que se sancionen o que se lleguen a esclarecer. El gasto de $800.000 realizado por el ministerio de Salud para que una fundación que no existía aún dicte cursos de odontología es un claro ejemplo. Nadie explica nada, nadie es castigado.

La sensación de impunidad se expande como esos venenos que a han empezado a no hacerle efecto a la sociedad, tal vez porque ya se volvió inmune y no le afecta ver tanta miseria humana.