Desde hace bastante tiempo, las protestas se han convertido en las protagonistas de la vida urbana tucumana. Excepto los domingos, siempre hay un sector de la comunidad que expresa, en general, libremente sus conflictos con el gobierno o con sectores de la producción.

Sucede que los cortes de rutas o de calles se transformaron desde fines de la década de 1990 en una costumbre y, al parecer, como único modo de respuesta a la intransigencia o de la carencia de respuestas por parte del poder político o de la actividad privada. Esta práctica es un reflejo de la ausencia de diálogo que debe estar presente en toda negociación entre las partes hasta las últimas instancias. Hemos señalado en otras oportunidades que cuando la protesta sale de su cauce y afecta en forma directa al ciudadano que nada tiene que ver en el conflicto, genera en una buena parte de la comunidad el efecto contrario de la solidaridad. El trabajador que debe trasladarse al interior o viene desde allí a la capital y los piquetes le impiden el libre tránsito, experimenta no sólo una frustración, sino también un disgusto razonable; siente que están avasallando sus derechos constitucionales.

Desde los primeros días de abril pasado, con una pausa de un par de semanas, como consecuencia de la conciliación obligatoria, los trabajadores del sector citrícola vienen cortando rutas. La semana pasada, en el ámbito del Ministerio de Trabajo de la Nación, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) y la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) acordaron una suba salarial que llevó el básico de $ 66 a $ 82, una variación de casi un 25 %, valor inferior al 30 % que reclamaban los obreros. El esquema conforma un jornal de $ 82. Los trabajadores exigen que se revise ese convenio, ya que el acuerdo todavía no ha sido homologado. Como forma de presión, esta semana efectuaron cortes en las rutas 307 que conduce a los Valles; la 38; cortada a la altura de Acheral; la 324, conocida como Interpueblos (fue interrumpida a la altura de Teniente Berdina) y la 301 bloqueada en el acceso a Famaillá. Las medidas dejaron al sur tucumano aislado. Un comisario de la Unidad Regional Oeste dijo que los manifestantes permitían solamente el paso de ambulancias y le explicó a nuestro diario que la situación que se vivía en las rutas era caótica, porque se registraban numerosos choques verbales entre los automovilistas y los piqueteros. Informó que hubo un altercado con un grupo de turistas canadienses que intentaba llegar a Tafí del Valle al que finalmente, dejaron atravesar el cerco. Los piquetes se reanudaron el viernes sólo en las rutas nacional 38 (a la altura de Acheral y León Rougés) y provincial 307 (Santa Lucía). Quemaron cubiertas y atravesaron troncos de árboles sobre la carretera. La protesta se flexibilizó con la liberación del tránsito cada hora. Los manifestantes dijeron que proseguirán con los reclamos hasta que los dirigentes del sector vuelvan a replantear un aumento salarial del 30%. Pese a que anunciaron cortes durante la jornada de ayer, afortunadamente declinaron hacerlo.

Más allá de la justicia de los reclamos, creemos que la metodología no es la adecuada porque afecta el derecho de los demás que nada tienen que ver en el conflicto. En lugar de encontrar apoyo en la ciudadanía para sus reclamos, logran el efecto contrario. Se debería buscar otra manera de protesta que no impida el libre tránsito de los ciudadanos como lo consagra la Constitución Nacional. Creemos que en todo conflicto debe prevalecer el diálogo y los ministerios y secretarías de Trabajo no deberían esperar que las partes tomaran medidas extremas que afecten a terceros para dictar la conciliación obligatoria. Los derechos de unos terminan donde comienzan los de los otros.