Fue imposible.
Si hubo un esfuerzo elogiable por parte del ex presidente de la Corte Antonio Gandur es el de haber intentado que los tentáculos de la política se hayan neutralizado lo más posible en el momento de la constitución del Consejo Asesor de la Magistratura. En aquella época contaba con la onda amistosa del entonces vocal de la Corte Antonio Estofán.
Si hubo una falla notable por parte del titular del CAM, Antonio Gandur, fue su incapacidad por evitar la politización en las primeras decisiones trascendentales del órgano responsable de la selección de los candidatos a magistrados de la provincia. En este momento sólo tenía la mirada fría y lejana del presidente de la Corte, Antonio Estofán.
El CAM no pudo evitar que un juego de intereses entorpeciera el funcionamiento del organismo. Esto quedó claro cuando estalló el escándalo de que el mejor postulante a secretario no puso en su currículo su vinculación a una legisladora que, a la vez, era consejera del CAM.
Cuando todo tomó estado público las reacciones de los protagonistas de esta historia de enredos encontraron a rivales de una arena política -en el mejor de los casos- o de una tribuna de barrabravas, y no de profesionales universitarios que definirán el perfil de las personas que juzgarán las conductas de los tucumanos y que hasta tomarán decisiones sobre sus bienes y sobre su patrimonio.
Apenas se conoció la omisión de Pablo Martín Mercado el ubicuo gremialista Daniel Acosta se preocupó por rescatar la persona del abogado. Tampoco faltaron dirigentes gremiales de Banda del Río Salí que salieron a defenestrar las críticas contra el electo secretario del CAM. Su amiga, la legisladora Carolina Vargas Aignasse, recurrió a uno de los discursos más fáciles y simples de estos tiempos: echarle la culpa a LA GACETA, iniciativa que supo imponer el mismísimo gobernador, José Alperovich.
En el Colegio de Abogados se vio claramente cómo se dividían las aguas. El consejero Antonio Bustamante y el presidente y el secretario de la entidad, Eudoro Aráoz y Jorge Contrera, respectivamente, mostraron los dientes. La alianza entre la agrupación Mariano Moreno-Juan Bautista Alberdi y la lista Verde quedó evidentemente deshilachada. Mercado y sus abogados amigos -expertos en marchas y movilizaciones de cuando se juntaban en la plaza para defender al vocal René Goane de las agresiones del gobernador- quedaron fuera de la mesa oficial de los letrados.
La aparición de Ricardo Bussi metiendo el dedo en la llaga fue aprovechada para que se diga que los buenos era los unos y que en el bando malo estaba el bussismo. Faltó muy poquito para que se retrotrajeran episodios durísimos y trágicos de la historia a esta mesa de discusión.
Mercado y Vargas Aignasse ensayaron una defensa política y hasta el secretario interino del CAM, José Sahián, recibió la moción de que se destaque su actuación desde la política.
Indudablemente, fue imposible separar las cuestiones.
Nada de lo que se discutió había sido puesto en debate. Mercado no puso un dato clave en su currículo; las autoridades del CAM no alcanzaron a constatar la omisión, y Vargas Aignasse no se abstuvo a la hora de evaluar a Mercado. Tres hechos concretos. No se puso en tela de juicio a las personas. En el fuero íntimo de la legisladora y del abogado en cuestión deben saber que hubo un error; y que de haberse abstenido una o de haber señalado el vínculo otro, hoy el CAM no estaría en este incómodo laberinto.
Tampoco se trata de hacer leña del árbol caído. La primera reacción de los "sijosesistas", que se pasaron más de un año tratando de que el CAM jamás se constituyera, fue sonreír y disfrutar del problema institucional. El CAM sintió el temblor, pero sus cimientos están en orden, mal que les pese a algunos de sus inquilinos.
Violencia universitaria
Las amenazas, los improperios, la violencia, los bandos no son propiedad exclusiva del entorno del escándalo del órgano de selección de jueces: la elección de la Universidad Nacional de Tucumán es blanco de una guerrilla de denuncias a la que ningún fiscal asiste para preguntar qué hay de verdad en las supuestas compras de votos y malversaciones de fondos de las que públicamente se habla. Lo grave es que ni Juan Alberto Cerisola ni María Luisa Rossi de Hernández, adjudicatarios del sillón de rector para los próximos cuatro años, pueden alegar ignorancia sobre lo bueno y sobre lo malo que le pasó y que le espera a la UNT.
Esta semana, la beligerancia tuvo picos en los que los contendientes se mostraron como bandas que presionaban y que trataban de enlodar al otro. No aparecieron egregios miembros del saber que debieran construir rezos y no diatribas hacia la opinión pública. Y, en todo caso, las críticas podrían convertirse en la chispa generadora de ideas, de conocimiento y no la fuente de la ignominia.
Violencia callejera
El CAM y los comicios de universitarios atrapa la escena de la vida pública tucumana. Sin embargo, los jóvenes no están atentos a cuál será la posición final de Mercado o si la pulseada será ganada por tal o cual sector. Tal vez menos les importe que todo esto es por una omisión de datos. Tucumán se ha convertido en noticia internacional por la violencia callejera que terminó con una joven en el piso herida y otra en su casa, escondida y estigmatizada por su agresión.
Mientras los más jóvenes volcaban sus amores y sus odios en las paredes virtuales de Facebook, los adultos trazaban estrategias y ponían piedras a la investigación judicial. Pero lo cierto es que la famosa ley de las 4 AM, los miles de policías que engrosaron las fuerzas del orden, la modificación del servicio de taxis y de remises no lograron revertir estos episodios que, en su mayoría, no son denunciados, por miedo o por desesperanza.
El gabinete oficial le debe a la sociedad una respuesta o una solución a estos problemas que nunca pudo domeñar. Las autoridades desatienden estas cuestiones, no sólo por impericia, sino también porque son la prueba de que se ha caminado mucho para no ir a ningún lado. El Sutrappa fue un promesa de orden que ya se desordenó tanto que hasta se tiñó de corrupción. El límite horario, que permitía apagar la luz antes de que los chicos se desmadren, enseñó a violar la ley en lugares privados y no calmó a los violentos de siempre. La venta de alcohol es burlada como si el espíritu de Al Capone iluminara a los sedientos de la noche.
De campaña
La preocupación central de los miembros del Poder Ejecutivo es definir cómo serán los comicios y cuáles serán los candidatos. José Alperovich espera la decisión kirchnerista para saber si integrará la fórmula presidencial. Por ahora, las definiciones caminan a paso de tortuga; pero después del mundial de fútbol sudafricano tendrán la velocidad de la liebre. La salida nacional es tal vez la que más tranquiliza al mandatario. El contrato de alquiler de su banda gubernamental vence en 2011 y aunque él confíe en que la Justicia provincial leerá la constitución que se hizo hacer a sí mismo dándole la re-reelección, no puede tener la misma certeza sobre la Corte de la Nación.
En la Casa Rosada se corre la voz de que hay un plan A y un plan B. El primero es conseguir 30% de imagen positiva para Néstor. Si se logra será el candidato presidencial. El B tiene previsto que el postulante a la primera magistratura nacional sea Daniel Scioli. En ambos casos el vice sería Alperovich. Su destino lo tiene esperanzado y resignado. Esperanzado porque llegará a un lugar de privilegios en la historia nacional, resignado porque no será fácil ser candidato de los K y mucho menos vice de Kirchner, quien suele terminar a las patadas con aquellos que tengan perfil alto. Y si alguien duda, que se lo pregunten a Scioli.
En el CAM no hay hechos, hay buenos y malos; en la UNT, no hay contendientes, hay enemigos. Cualquier parecido que se encuentre en las historias que envuelven a los jóvenes no debe ser pura casualidad. Parece que fue imposible dar mejores ejemplos.