A fines de la década del 60 y en los comienzos de la del 70, ir al cine era uno de los pasatiempos preferidos para un vasto segmento social de Tucumán. Las salas céntricas y los cines "de barrio" (muchos de ellos al aire libre) vivían de una corriente de público que les aseguraba la supervivencia y que les dejaba interesantes ganancias en los fines de semana, cuando la cantidad de espectadores se incrementaba significativamente.

Entre los cines "del centro" (Plaza, Metro, 25 de Mayo, Rex, Majestic, Capitol, Broadway, Edison) había algunos que introdujeron la novedad de las funciones en trasnoche. A los habituales horarios de la siesta, tarde y noche, agregaban (los sábados) una función a las 0.45 que generalmente adelantaba el título de estreno de la semana siguiente. En las carteleras de LA GACETA (que por entonces ocupaban la parte inferior de una doble página) se anunciaba con tipografía destacada "HOY Función Trasnoche HOY". La realización de estas exhibiciones provocaba gran expectativa entre los cinéfilos, que colmaban las salas; las colas que se generaban en el hall del cine Plaza doblaban en la esquina de 25 de Mayo y ocupaban prácticamente toda la cuadra. El revuelo se reproducía cerca de las tres de la mañana, cuando el final de la función devolvía a las veredas a centenares de personas que, solían prolongar la velada en bares como "Il Sorpasso" o "El Buen Gusto" (ambos, ya desaparecidos) hasta bien entrada la madrugada, para comentar y discutir las virtudes o los desaciertos del filme proyectado.

La presencia de la televisión, en esos tiempos, se reducía a unas pocas horas de transmisión vespertina y nocturna, sólo por Canal 10 y en blanco y negro.

Por estos días puede verse una publicidad en una señal satelital de televisión que insta al público a hacer uso del alquiler de largometrajes con el sistema "pay per view"; uno de los argumentos usados por los creativos es la demostración de que ver cine en la casa es mucho más placentero que hacerlo en el cine. Es más barato que pagar las entradas, no hay que salir, no se gasta dinero en estacionamiento ni se hacen colas, no hay esperas incómodas y se puede invitar a amigos, parientes o vecinos para compartir la velada, durante la cual, además, se pueden degustar pizzas y cervezas mientras se disfruta de la película. Sin duda se trata de razones atendibles, pero queda un conjunto de espectadores (al que pertenece quien firma esta columna) que, además de disfrutar del beneficio que ofrece la televisión, jamás resignará la experiencia de ver películas en la pantalla grande, rodeados por la oscuridad de la sala de exhibición y aislados momentáneamente del mundo exterior, aunque los celulares encendidos comprometan esta última condición.