Una de las críticas que siempre recibieron los espacios turísticos de Tucumán fue la falta de atractivos. Ayer, Tafí del Valle ofreció de todo a los miles de visitantes que treparon seducidos por esa ciudad. De entrada, el impacto del dique sin agua y luego la sucesiva, profunda y orgullosa representación de la Pasión. Ambas fueron visitas obligadas para compartir sorpresa y emoción. Hasta que llegó la hora de pasear por la villa veraniega. Allí el imán era la gran mole de cemento del hotel inconcluso. Síntesis de vergüenza, de prepotencia, pero, por sobre todo, el gran escondite de una verdad disimulada.

Los curiosos se detienen frente al hotel que diseñó el arquitecto Jorge López Avila y empiezan a gesticular. Se acomodan de un lado y tratan de entender que hay una diferencia de nivel de tres metros como seguramente deben haber interpretado el ingeniero Julio Kasem que se ocupó de la estructura o del arquitecto Julio Cusumano, citado como el responsable del impacto ambiental. Una vez comprendido el desnivel inevitable -como en todo el valle- cada interlocutor intenta elucidar si la construcción de este hotel de Luis Zermoglio violó o no la ordenanza que prohíbe construir por encima de los 6,10 metros de altura.

Si un apagado y tranquilo paseante se detiene unas horas podrá escuchar que el gobernador, José Alperovich, tiene razón. Son los vencidos pragmáticos a los que no les importan las leyes con tal de que se hagan cosas. Con autoridad también llegan los megalómanos que -como el presidente del Ente de Turismo, Bernardo Racedo Aragón- creen que lo importante es tener más hoteles para que Tafí del Valle -y Tucumán- pueda ganar más dinero.

"Pero me parece que, ante la altura de los acontecimientos y con una construcción avanzada, deberíamos continuar. Lo ideal es no seguir con la polémica, sino encontrar una solución". Así piensa Racedo Aragón.

"Creo que la obra está parada, pero se va a solucionar todo: no habrá problemas". Esa es la opinión prepotente de Alperovich que también espera la inauguración sin contemplar qué pasó.

No importan los medios, sino los fines. Y lo cierto es que algo ocurrió en el medio y por eso no están claros los fines.

Expediente al calvario

Alcanzó la desmedida preocupación del gobernador para que todos los interesados -incluso los obsecuentes ediles tafinistos- sólo quieran la conclusión del hotel y no un prolijo proceso.

En cualquier obra que se ejecute, el expediente debe seguir un ineludible derrotero. El primer paso es un anteproyecto que, una vez aprobado por el municipio, debe ser visado por el Colegio de Arquitectos. Luego, este anteproyecto debe incorporar planos de electricidad, de estructura y sanitarios. Con el visto bueno del municipio debe volver al Colegio de Arquitectos para un nuevo visado y, entonces sí, se puede comenzar la obra.

Este hotel ha quedado en estado larval. No llegó a convertirse en proyecto.

¿Por qué empezó a construirse si no se había llegado a presentar el proyecto? ¿Por qué las autoridades del municipio o los concejales no pusieron el grito en el cielo cuando vieron que se colocó el primer ladrillo? ¿Por qué el Colegio de Arquitectos no actuó?

Todas estas preguntas hacen a la transparencia y a la calidad institucional. Ninguna de ellas pretende ser contestada ni por el gobernador ni por el titular de Turismo. Para ellos lo importante es que se haga y que más gente deje plata en Tucumán.

Este irregular proceso se hizo público cuando el gobernador dijo que el hotel debía hacerse y el intendente Carlos Rodríguez advirtió que se había pasado en altura. Entonces el gobernador ordenó a los ediles que modifiquen la ordenanza, sin importarle los vericuetos legales y actuando con la misma arbitrariedad con que los Kirchner lo tratan a él, sin respetar las autonomías que deberían regir.

Pero la aceleración y velocidad que el gobernador quiere imponer al trámite nada tiene que ver con el paso de tortuga del expediente.

El 4 de septiembre de 2008, el arquitecto Guillermo Gray, director de Obras Públicas de Tafí del Valle, firmó un "permiso de construcción provisorio en suspenso" hasta que se cumplan todos los requisitos solicitados: el informe del impacto arquitectónico, el trabajo de impacto ambiental y la aprobación de Defensa Civil.

Es decir, el municipio otorgó "un permiso provisorio en suspenso" sobre la base del anteproyecto visado por el Colegio de Arquitectos, pero no del proyecto que hubiera permitido comenzar la obra regularmente.

El "permiso provisorio en suspenso" se otorgó en septiembre, mientras que el pago de un permiso de construcción (sin exigencias previas) de $ 14.700 se efectuó en enero de ese año. Es decir, se habría firmado "el permiso provisorio en suspenso" que advierte que para construir faltan items a cumplir, ocho meses después de que se recibió el pago en base al que se inició la obra.

Son muchos meses como para que no hayan percatado ni los constructores ni los que debían observar que faltaba un proyecto, aun cuando ya se había iniciado la obra y ya se había pagado.

El 3 de septiembre de 2009, cuando sólo faltaba un día para que cumpla un año el plano firmado por Gray, el intendente Rodríguez se quejó ante el Colegio de Arquitectos, pidiendo que se analice esta obra que, según él, no fue autorizada.

Dudas

El intríngulis entonces no parece ser si se pasan o no unos metros o si el desnivel del suelo tafinisto obliga a construir dos o tres pisos. Las dudas son si se autorizó o no la obra.

El arquitecto López Avila sostiene que sí y el intendente, que no. El municipio dio primero un permiso de construcción luego de recibir el pago, pero después se firmó el plano, con la advertencia de que faltaban elementos que en realidad correspondían al proyecto. Está claro también que si faltaban los ítems señalados, ni el arquitecto ni los dueños podrían haber empezado la obra porque aún habiendo pagado un permiso no estaba el proyecto: sólo se había autorizado el anteproyecto.

Las ansias del gobernador y del presidente del Ente de Turismo no deberían pasar por alto estas cuestiones porque si la adormilada justicia tomara cartas en el asunto los haría quedar mal parados. Algo se hizo mal en este proceso que podría terminar estrellado.

Venda agujereada

No es la primera vez que pasa esto. Ocurrió durante este año, cuando se autorizó a pagar -no se abonó- $ 800.000 por el dictado de cursos de endodoncia a la Fundación Salud, que se constituyó meses después de que se iniciaron esos cursos.

En el Poder Ejecutivo intentan disimular estas cuestiones, con la afirmación de que quienes dictaron son muy buena gente y personas conocidas que elogian al ministro de Salud de la Nación y vicegobernador de Tucumán, en uso de licencia, Juan Manzur. Con argumentos idénticos tratan de disimular las responsabilidades del ministro de Salud de la Provincia, Pablo Yedlin, que habría firmado la autorización.

Hasta la Justicia parece tener agujereada la venda que tapa sus ojos, a la hora de auscultar este tema que lleva meses sin que se aclare.

El 9 de octubre de 2001, por cuestiones políticas que nada tenía que ver con la administración de gobierno, Alperovich recomendó tener actitudes de grandeza y no egoísmos en momentos de crisis. Hoy, cuando se generan tantas dudas sobre un determinado hecho, esas palabras pueden servir de sabios consejos.