El reloj marcaba 40 minutos. Lawn Tennis ganaba 25-22 y la final del Regional del NOA parecía escaparse de las manos de Tucumán Rugby. 80 minutos de esfuerzo, de golpes intercambiados, de oportunidades desperdiciadas y de esperanzas reconstruidas amenazaban con terminar en frustración. Pero todavía quedaba una jugada. Una última posibilidad de cambiar el destino. Y entonces apareció Franco Vanni. El try del “verdinegro” desató una explosión de felicidad y convirtió una eliminación prácticamente consumada en una victoria que difícilmente se borre de la memoria. Tucumán Rugby ganó 27-25 porque se negó a aceptar que su historia había terminado.

Quizás lo más extraordinario de esta clasificación sea que empezó a construirse una semana antes. Entonces, el “Verdinegro” necesitaba derrotar a Universitario en el clásico para mantener vivas sus aspiraciones. Lo consiguió por 38-24 y, favorecido por la diferencia de tries sobre Cardenales, se quedó con el último boleto a semifinales. Siete días después, frente al equipo más regular del campeonato, volvió a encontrarse cara a cara con la eliminación. Y volvió a sobrevivir.

El contraste entre ambos recorridos hacía todavía más atractiva la semifinal. Lawn Tennis había dominado la fase regular y llegaba respaldado por una campaña que lo señalaba como uno de los grandes candidatos. Tucumán Rugby, vigente campeón, había tenido que pelear hasta la última fecha para seguir en carrera. Sin embargo, cuando comenzó el partido, los antecedentes dejaron de importar.

Los “Benjamines” golpearon primero con dos penales de Facundo Rodríguez Prados. El 6-0 inicial reflejaba la efectividad de un equipo que sabía aprovechar sus oportunidades. Pero Tucumán Rugby respondió con una conquista de Bautista Estofán, convertida por Simón Pfister. Después llegó el try de Thiago Soberón para Lawn Tennis y, casi inmediatamente, la reacción de Juan D’Antuene. Era un intercambio permanente de golpes. Nadie conseguía imponer condiciones durante demasiado tiempo.

Incluso hubo dos situaciones que parecieron cambiar el desarrollo y terminaron frustradas por decisiones arbitrales. Primero, una conquista de Juan Pablo Pfister fue anulada por una infracción previa. Después, sobre el cierre del primer tiempo, el TMO invalidó un try de Tobías Aguilar por un knock-on. Tucumán Rugby se fue al descanso perdiendo 14-12, con la sensación de haber estado muy cerca de construir una ventaja.

El complemento profundizó el dramatismo. Pfister adelantó al “verdinegro” con un penal, pero Stéfano Ferro respondió con un try para Lawn Tennis. Otro penal convertido por Sebastián Ferro amplió la diferencia a 22-15 y obligó al defensor del título a remar nuevamente desde atrás.

Fue entonces cuando apareció una de las virtudes que terminarían explicando el resultado: la capacidad de resistir emocionalmente a los golpes. D’Antuene consiguió su segunda conquista y Pfister acertó la conversión para establecer el 22-22. Todo volvía a empezar cuando el desgaste físico y la tensión comenzaban a multiplicarse.

Sin embargo, todavía faltaba el golpe más duro. Después de un penal desperdiciado por Pfister, Ferro acertó a los palos y dejó a Lawn Tennis arriba 25-22. El tiempo se consumía. El líder de la fase regular estaba cada vez más cerca de la final y Tucumán Rugby necesitaba algo más que jugar bien. Necesitaba una última demostración de carácter. Y la encontró.

Porque existen victorias que se explican desde la superioridad, otras desde la eficacia y algunas desde la convicción inquebrantable de que todavía es posible. La de Tucumán Rugby pertenece a esta última categoría. Vanni apoyó la pelota cuando el partido agonizaba y transformó la angustia en euforia. De pronto, cada esfuerzo anterior cobró sentido. Cada reacción, cada punto recuperado y cada obstáculo superado desembocaron en esos segundos irrepetibles.

Lawn Tennis quedó del otro lado de una definición cruel. Había hecho méritos para ganar, había respondido cada vez que su rival amenazaba con escaparse y había sostenido la ventaja hasta el último instante. Pero el rugby, como tantos deportes, no concede premios anticipados.

En apenas una semana, Tucumán Rugby pasó de jugarse la clasificación en un clásico a conquistar una semifinal en la última jugada. No llegó a la final por el camino más sencillo. Llegó por uno de esos recorridos que parecen escritos para poner a prueba la fortaleza de un equipo.

 El “Verdinegro” todavía no sabe si volverá a levantar la copa. Lo que sí sabe es que tendrá la oportunidad de defenderla. Y después de lo ocurrido frente a Lawn Tennis, una certeza parece acompañarlo: mientras quede una pelota por jugar, su historia seguirá abierta.