El aprendizaje no termina cuando se apagan las cámaras ni cuando los estudiantes dejan de responder las preguntas. Para los docentes que acompañaron a los equipos de Enseñame Tucumán, el valor del certamen también estuvo en todo lo que ocurrió antes de la competencia y en lo que quedó después. Las visitas a museos, las lecturas compartidas, los videos, los resúmenes y las conversaciones que llegaron hasta las casas de los alumnos.

En el Colegio San Isidro Labrador, la experiencia ya tiene dos años. La rectora, Eliana Ayala, y la profesora de Biología y Química, Jorgelina Rodríguez, acompañaron nuevamente a los estudiantes en esta edición. Para ambas, regresar no significaba solamente buscar un resultado, sino volver a participar de una propuesta que había dejado enseñanzas en toda la institución.

“Los acompañamos desde el primer momento. Ya son dos años de participación, porque el año pasado también estuvimos acá. Volvimos con muchas ganas, no solamente de ganar, sino de participar nuevamente. Para los alumnos fue un desafío muy grande y también una enseñanza muy importante”, contaron.

La preparación no se limitó a los contenidos estudiados para responder las preguntas. En el colegio organizaron viajes a distintos espacios vinculados con la historia provincial, entre ellos la Casa Histórica, el Museo de los Ingenios y el Museo Obispo Colombres. Allí, los estudiantes pudieron reconocer aquello que habían trabajado en clase. “Después de las visitas nos decían: ‘Esto leímos, esto leímos’”, recordaron.

SONRISAS. El Instituto San Pablo Apóstol también tuvo a su hinchada.

La propuesta también buscó involucrar a quienes no formaban parte de la pareja que competía. Según explicaron Rodríguez y Ayala, el interés alcanzó tanto al ciclo orientado como al ciclo básico. “Se transformó en un dispositivo de aprendizaje muy valioso para todos, no solo para los estudiantes, sino también para las familias, porque ellos llevan lo que aprenden a sus casas y lo comparten”, señalaron.

Para las docentes, uno de los resultados más importantes fue que Enseñame Tucumán trascendió el aula. Los alumnos llegaron a esta nueva semifinal con entusiasmo y con ganas de repetir la experiencia. También con la expectativa de ganar, aunque reconocen que llegar hasta esa instancia y compartir con estudiantes de otras escuelas ya representa un aprendizaje.

El concurso, además, les permitió mostrar el trabajo de una institución del interior. “Les demostró que, aunque sean de una escuela del interior y estén lejos de la ciudad, pueden aprender mucho y también visibilizar lo que hacen”, destacaron. El recuerdo de la edición anterior sigue presente: cuando vieron al colegio en el streaming, toda la comunidad educativa se emocionó y compartió las imágenes de los estudiantes.

En el Colegio Nacional, la preparación también requirió constancia y organización. Yanel Correa, profesora de Historia, contó que el departamento de Sociales y la dirección acompañaron diariamente a las alumnas. Las mañanas comenzaban con algunos minutos dedicados al estudio, entre resúmenes, videos, libros y lecturas.

La tarea debía combinarse con las actividades extracurriculares que las estudiantes realizaban todos los días. “Hubo mucho estudio y compromiso de su parte para prepararse para el concurso”, afirmó.

Como profesora de Historia, la docente considera que el certamen ofrece otra manera de acercarse a los contenidos. “Muchas veces caemos en la idea de que la materia es aburrida, pero estos concursos promueven el aprendizaje y generan una predisposición diferente hacia la historia y hacia nuestra provincia”, reflexionó.

Correa cree que el entusiasmo de las participantes puede contagiar a otros estudiantes. Las alumnas son conocidas en la escuela y recibieron el apoyo de sus compañeros, que les enviaron buenos deseos durante la competencia. A eso se suma un dato que, para la profesora, permite mirar hacia las próximas ediciones: este año se registró una cantidad récord de participantes respecto de años anteriores.

Porque, más allá de quiénes lleguen a la final, el concurso ya dejó algo en las escuelas: nuevas formas de aprender la historia y de reconocer el lugar que ocupa Tucumán en esa historia.