Isabella Giménez dice que siente que algo cambió en su barrio. A pocos metros del acceso al Cottolengo Don Orione hace frío durante este sábado marcado por las nubes y el viento. El termómetro no supera los 18 grados. Alrededor de Isabella y su grupo de amigos hay vallas y trabajadores que montan estructuras metálicas para recibir al papa León XIV. La adolescente de 16 años cuenta a LA GACETA que en los últimos días las calles de Claypole comenzaron a llenarse de preparativos: algunos decoran los alrededores del predio, otros organizan actividades. La comunidad está movilizada por un hecho que todavía les cuesta dimensionar. Parada frente al portón por donde el lunes a las 9.30 entrará el sucesor de Francisco, destaca que la visita puede hacer que el barrio vuelva a recibir atención.
“Sentimos que nos vuelvan a ver”, dice a este diario la estudiante del colegio San Pío X e integrante de la comunidad parroquial. El San Pío es una institución educativa vinculada a la Obra Don Orione, ubicada en el mismo complejo de Claypole donde funciona el Cottolengo. Isabella recuerda que la llegada de la reliquia del corazón de Don Orione también había generado una movilización importante. Ahora cree que puede suceder algo similar.
En el diálogo, la joven a los prejuicios sobre Claypole, localidad ubicada a 25 kilómetros al sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el conurbano bonaerense. “Se dice que el barrio es peligroso, es feo y nada que ver. Sentimos que es muy unido, también somos todos vecinos, nos conocemos entre todos”, afirma. Esa unión, cuenta, se volvió más nítida durante los preparativos. “Todo el barrio se volvió a unir un montón para recibir al Papa decorando todo”, agrega.
Isabella forma parte de un grupo de estudiantes del San Pío que participa en la comunidad pastoral vinculada al Cottolengo. En el lugar también funciona el Oratorio Cristo Rey, uno de los espacios que reúne a los jóvenes. Durante los días previos a la llegada del Pontífice, colaboran en la organización de las actividades y se preparan para recibirlo.
Al lado de Isabella está Malena Zanet, de 17 años, que expresa su asombro ante la visita. "Todavía no somos conscientes, yo creo, de todo lo que va a ser esto. Es una banda”, reconoce y admite estar temblando de los nervios. Los chicos tienen previsto participar de una vigilia, dormir en el establecimiento y formar parte del cordón que recibirá al Papa dentro del predio. Nada más y nada menos.
Discapacidad
Cuando Malena habla de lo que puede implicar la visita de León XIV, su entusiasmo se conecta con una preocupación que atraviesa a esa comunidad religiosa: las necesidades de quienes viven en el Cottolengo.
“Me parece muy lindo que ahora haya visibilidad porque también eso les beneficia a los chicos que viven en el Cottolengo, a todos los residentes”, explica.
Habla de dificultades económicas, faltantes de alimentos y ropa, y dice que tiene esperanza de que la visita papal los acerque a conseguir más recursos. “Capaz que así reciben más donaciones, reciben más visibilidad de todo el mundo y se centran más en los chicos del Cottolengo”, expresa.
Con ella también está Valentina Ernst, de 17 años, que conoce parte de esa realidad por su experiencia como voluntaria. Junto con integrantes del grupo Cristo Rey participó en actividades de acompañamiento dentro del Cottolengo. Esa experiencia, dice, le permitió observar de cerca las necesidades de quienes viven ahí.
Sí, habla de alimentos y ropa, pero sobre todo de algo que va más allá de la plata y que escasea en este mundo en el que cada vez se trabaja más para sostener la calidad de vida: la compañía voluntaria. “Que también vayan y los visiten, que vayan y estén con ellos”, pide.
Considera que pocas veces reciben la atención de los medios o de personas con capacidad de contribuir a mejorar sus condiciones de vida. “Están olvidadas porque nadie les da ningún noticiero, ninguna persona importante vino y fue y habló con ellos, habló con un cuidador y dijo: ‘¿Qué es lo que necesitan?’”, expresa.
Reclamos
Los jóvenes entrevistados por LA GACETA forman parte de grupos religiosos y comunitarios que realizan actividades, colaboran con los preparativos y, en algunos casos, también participan como voluntarios en el acompañamiento de los residentes.
La preocupación que manifestaron tiene un trasfondo. En el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole viven unas 415 personas con discapacidad. Fundado en 1935 por el sacerdote italiano Luis Orione, el establecimiento ocupa aproximadamente 50 hectáreas y cuenta con hogares, espacios educativos, talleres, consultorios y un santuario donde se conserva una reliquia del corazón de su fundador.
Sin embargo, la institución atraviesa dificultades relacionadas con el financiamiento de sus prestaciones. Según una investigación de Chequeado.com publicada en septiembre, sus responsables denunciaron problemas en la entrega de medicamentos, pañales y otros insumos correspondientes al programa nacional Incluir Salud.
Una visita que puede dejar algo más
León XIV llegará al Cottolengo el lunes, durante su primera jornada completa en la Argentina. Está previsto que comparta un encuentro con residentes y trabajadores y visite el santuario donde se conserva el corazón de Don Orione.
La elección del lugar se relaciona con una tradición de la Iglesia que pone especial atención en las personas que enfrentan situaciones de vulnerabilidad y exclusión. Es también una de las expresiones de las llamadas periferias, una idea que el papa argentino colocó en el centro de su pontificado.
En Claypole, mientras siguen los preparativos, los adolescentes esperan el momento de encontrarse con León XIV. Sus expectativas coinciden en que las miradas no se concentren únicamente en el Papa y que, cuando la visita termine, la atención sobre los residentes y sus necesidades no desaparezca.