Alejandra Casas Cau, en su nota del 05/11, titulada “La cacería de mujeres trans en Palermo…”, plantea preguntas que deberían movilizarnos como sujetos con razonamiento, miembros de una comunidad. Mientras en el mundo y, de la mano de esta cuarta revolución industrial, ya se habla de transhumanismo e incluso de posthumanismo, en la Argentina de los hermanos Milei, los Menem y el macrismo residual se retorna al fascismo e incluso al racismo político. La retórica oficial libertaria promueve una polarización extrema que legitima la violencia o la discriminación hacia ciertos grupos, con una retórica de la deshumanización (uso de términos despectivos o descalificadores para referirse a opositores políticos, disidencias, activistas o minorías), reduciendo la empatía y rompiendo los lazos de convivencia social; un cuestionamiento constante a derechos adquiridos (la impugnación de las agendas de género, de diversidad y de las políticas de justicia social), resucitando la validación de jerarquías sociales o de un individualismo extremo, donde el más vulnerable queda desprotegido, asimilable al retrógrado concepto de darwinismo social. Esta validación de la violencia simbólica (hostilidad en las redes sociales y el señalamiento público desde las máximas esferas del poder), generan un clima que puede replicarse en agresiones físicas o persecuciones colectivas en el espacio público, como sucedió contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner o contra estas trabajadoras trans en Palermo que -dicho sea de paso -representan uno de los sectores más vulnerables, estigmatizados y maltratados de nuestra sociedad, desde sus infancias hasta sus muertes (que suelen ser tan violentas como la misma vida que tuvieron que soportar), con un promedio de vida que no supera los 35 años. Retórica de la deshumanización, cuestionamiento constante a derechos adquiridos y validación de la violencia simbólica: tres condimentos cotidianos en la cocina del neofascismo, que llegaron a la Argentina del siglo XXI, de la mano de Milei y su libertarismo disfrazado de democracia. Violencia de arriba hacia abajo y naturalización de esa violencia, en todas sus formas y expresiones.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
javierucr1970@gmail.com