Después de 76 años de historia, la Federación Tucumana de Vóleibol (FTV) concretó uno de los grandes anhelos de su vida institucional: inauguró su primera sede propia. El acto se llevó a cabo en el predio de Campo Norte y marcó el comienzo de una nueva etapa para el desarrollo de esta disciplina en la provincia.

“Después de 76 años, tenemos nuestra casa”, fue la expresión que sintetizó la emoción de los dirigentes durante la ceremonia. La inauguración contó con la presencia del ministro de Gobierno y Justicia, Regino Amado; el presidente de la Federación del Vóleibol Argentino (FeVA), Juan Sardo; y el titular de la FTV, Juan Ángel Pereyra. La primera etapa del proyecto permitió concretar la construcción de la sede administrativa, que cuenta con oficinas, un salón de reuniones, depósito, consultorio médico y dos baños. Además, se realizaron trabajos de nivelación del terreno, el cerramiento perimetral de la media hectárea cedida por el Gobierno provincial, una garita y un portón de acceso.

Durante el acto, Amado destacó el trabajo articulado entre la Federación y distintas áreas del Estado. También resaltó el papel del deporte como herramienta de inclusión, formación y contención para niños y jóvenes.

Por su parte, Pereyra manifestó su satisfacción por alcanzar un objetivo que llevaba décadas de gestiones y esfuerzos. El dirigente valoró el compromiso de quienes trabajaron para hacer realidad una iniciativa que busca dejar una infraestructura importante para las próximas generaciones.

La nueva sede representa apenas el primer paso de un proyecto mucho más ambicioso. La segunda etapa contempla la construcción de cuatro canchas de beach vóley, mientras que la tercera prevé un salón de usos múltiples de 40 por 50 metros, con capacidad para albergar ocho canchas de vóleibol, además de vestuarios y sanitarios.

De esta manera, Campo Norte apunta a convertirse en un polo deportivo de referencia, con capacidad para recibir entrenamientos, capacitaciones y competencias provinciales, regionales y nacionales. Después de 76 años, el vóley tucumano ya tiene su casa y comenzó a construir un futuro con mayores posibilidades de crecimiento.