La huida en las sombras de Flavio Bolsonaro sin sus pasaportes procurando eludir las investigaciones por lavado de dinero y otros actos de corrupción, es una admisión tácita de una derrota que va más allá de las urnas. Al refugiarse bajo el ala de Washington, el ex senador traicionó a sus electores y puso en evidencia la debilidad de una derecha que prefiere denunciar persecuciones antes que someterse al imperio de la ley. Por el contrario, un lustrabotas, vendedor ambulante y tornero, sin vínculos personales con el poder financiero mundial, defensor de la soberanía política y la independencia económica de su país sin tener que arrodillarse ante Estados Unidos, siempre destacando que Brasil no es patio del fondo de nadie, resistió la presión de los mercados financieros del mundo y hoy es presidente por cuarta vez del gigante sudamericano. La reversión del resultado inicial confirma que en política triunfa el que articula con mayor precisión las necesidades y las esperanzas del pueblo, ratificando que el poder de los líderes populares no depende del adoctrinamiento ni de la compra de votos en el Congreso pagando a traidores; tampoco de falsos superávits fiscales, ni de insultos, ni por amenazas a los que disienten con la gestión. En un escenario de crisis mundial el verdadero poder reside en la capacidad y la sensibilidad del presidente para garantizar el bienestar familiar sin tener que arrodillarse para conseguir apoyos dolarizados en las elecciones intermedias ni endeudarse para exhibir un ficticio poder de fuego del Banco Central, que en el futuro se pagará con la colonización del país y el sufrimiento del pueblo.

José Emilio Gómez                                                              

Reyes Católicos N°112 - Banda del Río Salí