En una carta publicada en LA GACETA en octubre de 2025, recordé una experiencia ferroviaria de 1993: desde los talleres de Tafí Viejo partía un tren experimental que recorrió partes de Argentina, Bolivia, Brasil y Chile. Lo significativo era que toda la traza internacional utilizada tenía idéntica trocha métrica, permitiendo la continuidad ferroviaria entre los cuatro países. Aquella experiencia demostró las posibilidades de una conexión existente, absolutamente desaprovechada en su función más amplia: integrar economías, facilitar intercambios culturales y comerciales y acercar mercados. Resulta llamativo que, más de 30 años después, volvamos a prestarle atención, principalmente ahora por las necesidades de transporte que genera el auge minero. Las noticias sobre la privatización, la salida de Grupo México y las gestiones para incorporar las obras del C14 como obligaciones contractuales y conseguir financiamiento para el C15 merecen atención, pero también prudencia. No alcanza con conocer los montos de inversión anunciados: importan el estado y la capacidad de las vías, el mantenimiento, el material rodante, las conexiones y condiciones de acceso para distintos operadores. Se necesitan compromisos verificables, plazos y responsabilidades bien definidos. Para Tucumán hay, además, una cuestión particular: contamos con los talleres ferroviarios de Tafí Viejo, o con lo que queda de ellos. Su posible recuperación y aprovechamiento deben formar parte de cualquier discusión sobre el futuro ferroviario regional. Creo que para los tucumanos el desafío es más amplio. Mientras Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja se posicionan frente a un desarrollo minero que puede transformar sus economías, Tucumán debería preguntarse qué lugar ocupará en ese escenario, aunque parece que ya hay tibias novedades al respecto. No se sabe de perspectivas mineras de magnitud comparable en la provincia, pero sí contamos con producción agroindustrial, industria, servicios profesionales, capacidad universitaria, formación técnica y una ubicación geográfica que pueden ofrecer oportunidades complementarias. No debemos olvidar que Tucumán tuvo históricamente una gravitación económica, industrial, comercial, cultural y educativa de referencia para todo el NOA. Esa trayectoria no debería ser motivo de nostalgia, sino un estímulo para recuperar capacidad de iniciativa y articulación regional. ¿Estamos preparando las capacidades necesarias? Como dije, mi impresión es que lo hacemos muy tímidamente. Hace falta una estrategia compartida en la que trabajen mancomunadamente las universidades, los colegios profesionales, las instituciones empresariales y el Estado provincial. Cada uno tiene conocimientos, recursos y responsabilidades que, articulados, podrían contribuir a identificar oportunidades, formar recursos humanos, promover inversiones y fortalecer nuestras actividades productivas. En una reciente carta publicada en este diario, un argentino residente en California desde hace 43 años, Alfredo Plaza, señalaba que Argentina ya tiene mucho trabajo por hacer en materia de infraestructura. Su reflexión también vale para nuestra región: hay necesidades, recursos y oportunidades que están a la vista. El desafío es convertirlos en proyectos concretos. Se trata de comprender que las decisiones de hoy condicionarán el desarrollo de los próximos años. Tucumán no debería esperar que el crecimiento de sus vecinos lo beneficie por simple “derrame” o por proximidad geográfica. Necesita prepararse para ser parte de esa transformación. A veces, el desarrollo no depende de descubrir algo nuevo, sino de aprovechar lo que ya tenemos.

Rogelio E. Giraudo                                       

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