Hay lugares que guardan la memoria de un país. Escenarios que, aunque permanezcan inmóviles, cambian de significado con el paso del tiempo. El Monumento de los Españoles, en la intersección de las avenidas del Libertador y Sarmiento, en Buenos Aires, es uno de ellos. El próximo 9 de noviembre, el papa León XIV celebrará allí una misa multitudinaria. Noventa y dos años después del Congreso Eucarístico Internacional de 1934, el mismo espacio volverá a congregar a miles de argentinos alrededor de una figura central de la Iglesia católica. La historia parece cerrar un círculo, aunque el mundo que rodea a ese escenario sea radicalmente distinto.  En octubre de 1934, Buenos Aires fue sede del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, el primero celebrado en América Latina. Aquellas jornadas constituyeron una de las mayores manifestaciones religiosas de la historia argentina. Alrededor del Monumento de los Españoles se levantó una cruz monumental de 35 metros y se congregaron multitudes que desbordaron las previsiones de los organizadores. El enviado del papa Pío XI fue el cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado del Vaticano, quien presidió la misa solemne de clausura. Cinco años después, Pacelli sería elegido papa con el nombre de Pío XII. También llegó a la Argentina, en aquel mismo viaje, un sacerdote cuya figura adquiriría una dimensión extraordinaria en nuestro país: Luis Orione. Viajó en el mismo barco que Pacelli y participó del Congreso Eucarístico. Su presencia nos permite recordar que aquellos acontecimientos no fueron solamente una demostración multitudinaria de fe, sino también una oportunidad para fortalecer los vínculos entre la Iglesia universal y la sociedad argentina. Don Orione dejaría una huella profunda en nuestro país a través de su obra con los más necesitados.  Pero la historia de ese lugar no terminó en 1934. El 12 de junio de 1982, en circunstancias dramáticas para la Argentina, san Juan Pablo II celebró allí una multitudinaria misa. El país atravesaba la guerra de Malvinas y la visita papal estuvo marcada por un llamado a la paz, en medio del dolor y la incertidumbre. No fue en la avenida 9 de Julio, como suele confundirse, sino en el mismo Monumento de los Españoles que había sido escenario del Congreso Eucarístico casi medio siglo antes.  Ahora será León XIV quien vuelva a ese espacio. Entre Pacelli, Juan Pablo II y el actual pontífice median noventa y dos años, guerras, transformaciones sociales, crisis políticas y profundas modificaciones en la relación entre la religión y la vida pública. La Argentina de 1934 no es la de 1982, y ninguna de ellas se parece demasiado a la de 2026. El Monumento de los Españoles volverá a recibir a una multitud y a ser, una vez más, protagonista de la historia argentina. Noventa y dos años después de aquel Congreso Eucarístico, León XIV tendrá ante sí no solamente una multitud de fieles, sino también un país que necesita escuchar palabras de esperanza y encontrar razones para reconstruir sus lazos.  En junio de 1982, Juan Pablo II llegó a una Argentina herida por la guerra y recordó, con su presencia, el valor de la paz en medio del dolor. Hoy, en un mundo atravesado por conflictos y sociedades cada vez más divididas, aquella convocatoria conserva toda su vigencia. León XIV encontrará una Argentina diferente, pero no menos necesitada de encuentros, diálogo y reconciliación. Quizás esa sea la verdadera fuerza de este regreso: comprender que los años pasan, los protagonistas cambian y las circunstancias se transforman, pero la necesidad humana de esperanza permanece. Y que, noventa y dos años después, el mismo lugar puede volver a convertirse en un punto de encuentro entre la historia, la fe y el futuro de los argentinos.

Juan L. Marcotullio                                

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