En el Evangelio de hoy (Mateo 23, 1-12), Jesús nos deja una enseñanza muy profunda sobre la autoridad, la paternidad espiritual, el magisterio y la humildad. Tiene una actualidad extraordinaria para preparar espiritualmente la llegada del papa León XIV a la Argentina.

Hay una clave  fundamental: Jesús nos invita a revisar cómo ejercemos la autoridad y el Papa viene a encontrarse con un pueblo que necesita recuperar la confianza, la unidad y la esperanza. Veamos su clave pastoral, eclesial y también nacional.

1- La autoridad no es un privilegio: es una responsabilidad de servicio

Jesús denuncia una contradicción: aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar y orientar al pueblo no siempre viven aquello que predican. “Hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen”. Esa advertencia atraviesa los siglos y llega hasta nosotros. En un mundo donde se ha debilitado la confianza en las instituciones, los dirigentes, los educadores y las autoridades religiosas, Jesús nos recuerda que la autoridad solo recupera su legitimidad cuando se convierte en servicio. La Argentina debe recuperar el valor de la autoridad como servicio y no como ejercicio del poder.

Esto interpela a: los dirigentes políticos, llamados a servir al bien común; los empresarios, llamados a generar trabajo y oportunidades; los educadores, llamados a formar personas y no solamente transmitir conocimientos; los padres, llamados a ejercer una autoridad que eduque en el amor; los sacerdotes y obispos, llamados a ser pastores que acompañen y cuiden. La llegada del Papa puede convertirse en una oportunidad para recuperar la cultura de autoridad responsable, ejemplar y comprometida con el otro.

2- Un solo Padre: recuperar la fraternidad de los argentinos

Jesús dice: “No llamen padre a nadie en la tierra, porque uno solo es el Padre de ustedes: el del cielo”. No está negando la paternidad humana ni la espiritual, sino recordándonos que encuentra su origen y su plenitud en Dios. San Pablo se reconoce padre espiritual de los primeros cristianos porque los ha engendrado en Cristo mediante el Evangelio.

Al sucesor de Pedro lo reconocemos como Padre común de todos los cristianos. Su presencia entre nosotros puede ayudarnos a descubrir que somos hijos de un mismo Padre. Y esto tiene una dimensión profundamente argentina. Vivimos tiempos de fragmentación, confrontaciones, desconfianzas y heridas sociales. Muchas veces parece que hemos perdido la capacidad de reconocernos como compatriotas y hermanos.

La Argentina necesita reconocerse como una comunidad de hermanos y no como una sociedad de adversarios. El Papa no viene a resolver las diferencias políticas, económicas o sociales, sino a recordarnos algo anterior y más profundo: nuestra dignidad común y nuestra responsabilidad por el otro. No habrá verdadera reconstrucción nacional sin reconstrucción del vínculo humano.

3- Un solo Maestro: volver a escuchar a Cristo

“No se hagan llamar maestros, porque uno solo es el Maestro de ustedes, Cristo”. Esta afirmación nos invita a revisar quién orienta las decisiones personales y colectivas. La sociedad está expuesta a una multiplicidad de voces: los algoritmos que condicionan nuestra mirada; las redes sociales que alimentan enfrentamientos; los intereses económicos que pueden desplazar la dignidad humana; las ideologías que pretenden ofrecer respuestas absolutas. Debemos recuperar la capacidad de escuchar una palabra que no manipule, no divida y no busque dominar. Esa palabra es Jesucristo.

La llegada del Papa debería ayudarnos a volver a las fuentes del Evangelio y preguntarnos qué significa ser cristianos hoy, en una Argentina que necesita recuperar un horizonte de humanidad. No se trata de recibir al Papa, escuchar sus discursos y participar de las celebraciones. Se trata de dejarnos enseñar nuevamente por Cristo.

4. El más grande entre ustedes será el servidor

Quizás sea la enseñanza más importante del Evangelio: “El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea su servidor”. Aparece una verdadera propuesta de reconstrucción espiritual y cultural para Argentina. Jesús propone una inversión de los criterios habituales del mundo. La grandeza no se mide por cuánto tenemos, cuánto acumulamos o cuántas personas dependen de nosotros. Se mide por nuestra capacidad de servir. La visita del Papa podrá despertar una nueva cultura del servicio: una política entendida como vocación al bien común; una economía que tenga en el centro a la persona humana; una educación que forme ciudadanos solidarios; una Iglesia cercana a los sufrimientos y esperanzas de su pueblo; una sociedad que no abandone a los más débiles.

El Papa viene como sucesor de Pedro, y también como servidor de la unidad y de la comunión. Su presencia debería recordarnos que el liderazgo cristiano no consiste en ocupar lugares de privilegio, sino en asumir responsabilidades por los demás. El acontecimiento no debería medirse por la cantidad de personas que participen, las celebraciones que se realicen o la emoción que experimentemos. Su fruto debería medirse por lo que cambie en nosotros. ¿Seremos más hermanos, más responsables, más capaces de perdonar y de construir una cultura del encuentro, más solidarios? ¿Estaremos más comprometidos con el bien común?

La visita apostólica de León XIV puede convertirse en un acontecimiento espiritual que marque un nuevo comienzo para la Iglesia y para la Argentina.