¿Cómo se dibuja la fauna tucumana para acercarla a las infancias? ¿De qué manera se combinan el arte, la literatura y el conocimiento científico para despertar la curiosidad por la naturaleza? En “Las corzuelas y la luna”, el nuevo libro infantil de la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (ver nota aparte), la artista visual Ana Lía Canal-Feijóo afrontó el desafío de dar vida a Misky y a su entorno por medio de ilustraciones que dialogan con el relato de Estela Porta.

En esta entrevista, Canal-Feijóo cuenta cómo se desarrolló el proceso de construcción visual de los personajes, el intercambio con especialistas en biología y la búsqueda de un lenguaje propio, necesario para complementar las palabras sin limitarse a reproducirlas. También reflexiona sobre el potencial de los libros ilustrados para despertar en los más chicos el interés por el patrimonio natural tucumano y promover así una relación más afectuosa con el ambiente que nos rodea.

- ¿Cómo fue el proceso creativo que nos llevó al encuentro de Misky?

- Como primer paso empecé a hacer estudios de corzuelas pardas en base a fotos que me dieron Soledad Martínez Zuccardi y Natalia Dávalos y otras que busqué en internet. No hay tanto material disponible como de otros animales. Esos primeros trabajos, más que estudios, resultaron dibujos acabados en la gama de los grises. Los hice para ir conociendo y familiarizándome con el animal.

- ¿Cómo trabajaste con el cuento de Estela Porta para establecer un diálogo entre las palabras y las imágenes?

- Cuando recibí el cuento empecé a trabajar con la imagen de una corzuela parda hembra y de la cría. Pienso que la identidad propia surgió como consecuencia de la emoción que me transmitieron las fotos de un animal que me parece hermoso y las imágenes poéticas del texto de Estela. Mi preocupación fue que siempre parecieran las mismas corzuelas, a pesar de que trabajé con fotos de diferentes corzuelas pardas. Quería que conservaran la misma contextura física, el mismo tamaño, color y pelaje.

- ¿Sentiste que la ilustración podía aportar algo que el texto no decía explícitamente?

- Fui trabajando el cuento por escenas, que para mí fueron como bloques de diferentes espacios. Las descripciones del cuento me hicieron resaltar más algunos detalles. La consigna era que no fuera una ilustración literal; tuve mucha libertad, tanto con el tema como con la técnica, el formato era muy flexible también. Traté de que la ilustración aportara algo distinto, representar todo lo que había en el cuento era imposible sin que quedara sobrecargado. Procuré complementarlo de alguna manera, con la expresión de los animales, sus posturas, cuando interactúan entre ellos. A la noche la representé muchas veces más como un clima nocturno, aunque no apareciera la luna.

TAMBIÉN CON LA RANITA. Para los chicos, cada página representa un hallazgo.

- ¿Qué posibilidades creativas ofrece trabajar con animales de nuestro entorno?

- Pienso que hay más posibilidades de hacer algo original, ya que no se ha trabajado mucho sobre ese tema. Me sorprendió la diversidad de fauna que tenemos y lo exótica que es, tanto como de otros lugares, como África, Asia... Conocer eso, como también la flora autóctona, me hizo querer y valorar más lo que tenemos. También me hizo pensar que está muy desaprovechado y poco cuidado en general. Ojalá que con estos libros los niños puedan sentir lo mismo, y poder transmitirles con las ilustraciones lo que yo sentí.

- ¿Cómo fue el trabajo interdisciplinario? ¿De qué manera el intercambio con los especialistas en biología influyó en tus decisiones estéticas y en la construcción del universo visual del libro?

- Resultó todo muy enriquecedor. Desde las primeras conversaciones con Soledad y Daniel Ferullo que me dieron muchas ideas, hasta los trabajos que leí de los especialistas en biología, de Juan Pablo Juliá y todo el material de videos y fotos que me facilitaron. Tenía también la posibilidad de ir a la reserva de Horco Molle y ver los animales al natural, pero me aboqué con el material que ya tenía de imágenes, que es como suelo trabajar cuando represento animales. Toda esa información influyó totalmente en las ilustraciones, quise que resultaran lo más fidedignas que me fuera posible.

- ¿Cómo pensás la relación entre arte y ciencia en una publicación destinada a las infancias?

- Pienso que lo ideal sería no cometer errores con respecto a la representación del mundo real, pero no por eso dejar de hacer asociaciones creativas que muchas veces es imposible que se den en la realidad.

- ¿Cómo imaginás la experiencia de un niño que se encuentra por primera vez con “Las corzuelas y la luna”? ¿Qué te gustaría que descubra?

- Imagino que habrá tantas reacciones como niños hay, pero sobre todo pienso que pueden tener una experiencia de acercamiento a su entorno natural y cultural. Me gustaría que descubra lo que descubrí yo al conocer más el patrimonio natural de nuestro Tucumán, lo hermoso y exótico que es, y de esa manera sentir con más cariño lo que tenemos.

- ¿Cómo valorás que una editorial universitaria impulse proyectos que vinculan la creación artística con la divulgación científica y el cuidado del ambiente?

- Me parece que tiene mucha importancia porque es crear una obra muy completa, que fomenta además un intercambio muy enriquecedor entre diferentes profesionales... Y lo más importante es que está hecha con mucha calidad, eso me entusiasmó mucho.