En el Festival de Cine de Punta del Este de 1952, uno de los miembros del jurado, el uruguayo Homero Alsina Thevenet, quedó maravillado con la película de un director desconocido. Era Juventud, divino tesoro, de Ingmar Bergman. Alsina Thevenet fue el autor de la primera nota publicada fuera de Suecia sobre la obra de Bergman y, más tarde y en todo el mundo, del primer libro dedicado a su filmografía.

El Bergman ignoto

En 1954, la película que había asombrado al crítico uruguayo pasó sin pena ni gloria por el Festival de Venecia y no despertó el interés de los críticos del resto de Europa ni de Estados Unidos. Recién en 1956, Bergman obtuvo su primera distinción fuera de Suecia. Por Sonrisas de una noche de verano, un ignoto director para los franceses ganaba el premio a la mejor comedia del Festival de Cannes. Eso impulsó a su productor a filmar una película que había quedado cajoneada: El séptimo sello. Al año siguiente, cuando la presentaron en Cannes, los críticos quedaron desorientados. Esperaban una obra similar a la del comediógrafo que habían galardonado. Todavía no comprendían lo que Alsina Thevenet había advertido en el otro extremo del mundo: Bergman era un director múltiple, cuya genialidad abarcaba los más diversos géneros. El séptimo sello terminaría por consagrarlo como uno de los realizadores más trascendentes de la historia del cine.

Alsina Thevenet, quien se convirtió en uno de los críticos cinematográficos más prestigiosos de América Latina, honró las páginas de este suplemento con su firma. En LA GACETA Literaria 1949-2026 recuperamos una de sus últimas notas. Fue publicada en mayo de 2000 y está dedicada a ¿Quieres ser John Malkovich?, película con “el argumento más original de las últimas décadas”.

El libro incluye también una nota de Ramiro de Casasbellas, quien fue jefe de redacción de Primera Plana, la revista en la que Alsina Thevenet ofreció notables muestras de su talento. Casasbellas se concentra en El ciudadano, a la que define como “obra capital del cine”.

El ocaso de una diva

Alsina Thevenet fue también uno de los introductores de Federico Fellini en nuestras tierras. Le dedicó uno de los estudios más agudos de su filmografía.

En mayo de 2012, Cristiana Zanetto nos anunciaba que viajaría desde Milán, donde vivía, a Roma. Allí entrevistaría a Anita Ekberg y nos preguntaba si nos interesaba publicar la nota en exclusiva en LA GACETA Literaria.

La protagonista de una de las escenas más recordadas de la historia del cine vivía en una residencia geriátrica, olvidada por el público que décadas atrás la había idolatrado. Inmortalizada por Fellini en la Fontana di Trevi, millones recordaban a Anita llamando a Mastroianni: “Marcello, come here”. Pero pocos se preguntaban qué había sido de la vida de la actriz.

En diciembre de 2011, después de años de silencio, su nombre había vuelto a los medios. Ekberg había perdido su casa en un incendio. No tenía familiares, amigos ni dinero. Se había fracturado la cadera y un abogado designado por el Estado pedía públicamente ayuda para ella. La noticia despertó la curiosidad de Cristiana y puso en marcha una búsqueda que culminaría en aquella entrevista.

Hay allí recuerdos del rodaje de La dolce vita y algunas pistas sobre los misterios de su vida. Pero, sobre todo, encontramos un magnífico perfil de una diva que parecía vivir fuera del tiempo. Ekberg murió dos años y medio después de aquella entrevista, que hoy forma parte de LA GACETA Literaria 1949-2026.

De palabras a imágenes

El libro incluye reflexiones de Alain Robbe-Grillet, el destacado novelista, guionista y cineasta francés cuya obra también fue estudiada por Alsina Thevenet. Tanto Robbe-Grillet, figura central del nouveau roman y de un cine experimental y transgresor, como Guillermo Martínez, autor de la novela Crímenes imperceptibles —llevada al cine por Álex de la Iglesia con el título Los crímenes de Oxford—, reflexionan sobre las dificultades de traducción entre literatura y cine.

Eugenia Flores de Molinillo explora también ese cruce, en su caso mediante una comparación entre El gran Gatsby y Wall Street.

Fronteras de la censura

Finalmente, Rogelio Parolo, quien acompañó a infinidad de tucumanos en el descubrimiento del buen cine desde su recordado Biógrafo, escribe sobre las fronteras de la censura.

Son testimonios y reflexiones que invitan a recorrer el cine desde distintas perspectivas: las de quienes lo crearon, quienes lo interpretaron y quienes nos enseñaron a apreciarlo.

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