Escribe Oberdán Rocamora / Redactor Estrella, especial
para JorgeAsisDigital.com
Peronista de los radicales
El senador Gerardo Zamora, Ambidiestro, es el tercer peronista gravitante de los radicales contemporáneos. Es, en simultáneo, de los escasos peronistas racionales que mantiene una apertura moral hacia el radicalismo.
Después del Marciano Leopoldo Moreau, que se referencia en La Doctora, la Cautiva, y del inspirado Leandro Santoro, Radicalista que adhiere en el Maxiquiosco a Juan Manuel Olmos, el Doc de las Terminales.
Primero intendente y después gobernador, Zamora es propietario político de Santiago del Estero desde hace 20 años.
Tiene el atributo incomparable de arrastrar votos con las dos piernas. Modalidad utilizada desde la hecatombe de 2001, origen del kirchnerismo y del macrismo.
En materia de manejo de poder, Enigma alcanzó a superar con superiores formatos republicanos al caudillo Carlos Arturo Juárez, el Nino que supo imponer su persuasivo autoritarismo durante medio siglo. Hasta el desperdicio de la tragedia que pasó a la indiferencia de la historia como “el crimen de la Dársena”.
Instrumento hegemónico, la señora Mercedes Aragonés, la Nina, conoció lo suficiente al Enigma Zamora cuando compartían la capital mientras el peronista gobernaba con Nino. Los intereses conflictivos del poder convivían con inteligencia.
Gobernar es despachar
En sus desplazamientos mensuales a Buenos Aires, Nino Juárez solía almorzar entre las pontificaciones del Centro Navarro.
Mientras atendía un paulatino arroz azafranado con mariscos bajaba líneas insólitas. Obsequiaba títulos generosos.
“Gobernar es despachar”, proclamaba.
“Para mandar en Santiago usted tiene que sentarse sobre la caja el día entero para repartir. Todos llegan para pedir”.
Uno de los que puntualmente llegaba “por la suya” era Zamora. Radical despierto que trataba a Nina como correspondía tratar a una primera dama.
Aparte la “copa” (la coparticipación), le pertenecía.
Y Juárez solía llevar a Gerardo a la oficina de Nina para mostrárselo.
“Simpático Gerardo, siempre buen mozo, aunque sea radical pase a tomar un café cuando disponga”.
Señoras gobernadoras
Mercedes Aragonés era la gobernadora cuando transcurrió la tragedia de la Dársena. Juárez la necesitaba.
La Nina despachaba otros placeres en el Caesar Hotel de Buenos Aires. Demoraba la copa lenta de champagne.
Una década después, la señora Claudia Abdala Ledesma de Zamora sería también gobernadora.
Fue cuando el Enigma creyó que la Suprema Corte le iba a autorizar la fantasía del tercer mandato consecutivo.
La Corte fue implacable. Sirvió para atenuar otras ambiciones de permanencia como la de Sergio Uñac, AntiMilei Perfecto, de San Juan. El ministro Lorenzetti dictaminó:
“Ante un caso similar, la Corte no puede juzgar de manera diferente a San Juan de Santiago del Estero”.
Pasó también con Rio Negro, cuando el afortunado gobernador frepasista Guillermo Weretilneck intentó la jugarreta a través del prestigio inmaculado de Miguel Pichetto, el Lepenito, entusiasmado por la continuidad en el Senado. Tampoco Río Negro tuvo suerte con el trío, como no la tuvo Juan Manzur, el Menemcito, en Tucumán. Hoy trafican la misma mercadería otros gobernadores que bregan por la magia de quedarse.
Hombre del Poder
El Enigma no abandona el estilo cauteloso del “hombre de poder” que “debe jugar”. Aunque el juego se reduzca al circuito del amague de los excesivamente informados que saben que el Enigma sabe más de lo necesario de economía y de gestión, y que dispone de tres senadores para aportar al favor del poder o contra, en efecto, del poder.
Puede asegurarse que el Enigma Zamora se lanza hacia la aventura de la presidencia si cuenta con el apoyo de la Cautiva, a la que supo fortalecer durante el reinado.
Por supuesto se lanza si lo apoya también Sergio, el Profesional, un Alfred Hitchcock por el manejo superlativo de su conducción basada en el mantenimiento del suspenso.
El Profesional arrastra la certeza menemista de la espera, para impactar en el último momento.
Final con vulnerabilidades
De todos modos, Zamora es vulnerable.
“Le tiran con Pablo Toviggino”.
Lo quieren embocar como si fuera otro Secanucas del Chiqui Tapia, Cacharel con Zapatillas Blancas, sin medias.
Los perversos pretenden presentar como vulnerabilidad la construcción del fabuloso estadio que paradójicamente lo enorgullece. Ya se trata de una atracción turística en Santiago. Aunque cueste aceptar que las finales de verano de los campeonatos se jueguen en Santiago.
La otra opción que le queda al Enigma Zamora es respetuosa, de certera viabilidad. Significa “no jugar”, lo que no implica borrarse. Esperar en la placidez del Senado que atraviese el periodo del gobernador Elías Suárez. Para volver con sistemática pericia a gobernar Santiago, donde acaba de renovar la vigencia del Frente Cívico en las 26 minigobernaciones.