El integrante de la sección Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) Franco Scalora presentó en el XXV° Taller de Híbridos y Manejo de Maíz, organizado por el programa Granos de la entidad agrocientífica los resultados de un estudio realizado dentro de la Red de Macroparcelas para analizar el comportamiento de los híbridos de maíz frente al complejo del achaparramiento, a partir de la evaluación de la incidencia y la severidad de los daños de esta enfermedad sobre las espigas.

Los resultados evidenciaron una marcada variabilidad entre ambientes. Monte Redondo fue el sitio con mayor presión: cerca del 90% de las espigas presentó daños moderados o severos. En esa localidad, la presencia del insecto vector acompañó al cultivo prácticamente durante todo su ciclo y, en determinados momentos, alcanzó niveles similares o superiores a los registrados durante la epifitia de la campaña 2023/24.

También se observaron diferencias importantes entre localidades cercanas. En Chilca y San Ramón, ubicadas en el departamento Burruyacu, se registró una diferencia cercana a 50 puntos porcentuales en los daños, pese a que las fechas de siembra estuvieron separadas por unos 10 días. Una situación similar se comprobó en El Charco, donde dos macroparcelas implantadas en el mismo lote, con nueve días de diferencia, presentaron niveles distintos de afectación. Estos resultados mostraron que la fecha de siembra puede modificar considerablemente la exposición del cultivo a la enfermedad y, por ende, el comportamiento del híbrido.

En el sur, Los Altos registró alrededor de un 50% de espigas con daños moderados y severos, mientras que en Frías el valor se aproximó al 60%. En contraste, Las Lajitas, Arenales y Nueva Esperanza presentaron los menores niveles de afectación, con menos de un 15% de daños moderados y severos.

La evaluación de los 22 híbridos incluidos en la red confirmó una amplia variabilidad genética frente al achaparramiento. Algunos materiales presentaron alrededor de un 5% de daños moderados y severos en el promedio de los ambientes, mientras que otros superaron un 50%, pese a haber sido evaluados en los mismos sitios.

Entre los materiales destacados, MG 593 registró aproximadamente un 5% de afectación promedio. Asimismo, LG 36538 y SYN 505 se mantuvieron por debajo del nivel de daño promedio del ambiente en todos los sitios evaluados. DK 7702 mostró ese mismo comportamiento en nueve de los 10 ambientes considerados.

En las localidades con mayor presión de la enfermedad se observó una relación negativa muy marcada entre daño y productividad: a medida que aumentó el porcentaje de espigas afectadas, disminuyó el rendimiento de los híbridos. En los ambientes con baja presión, esa relación fue menos pronunciada y cobraron mayor importancia otros factores agronómicos y ambientales.

Uno de los principales resultados fue que el achaparramiento incidió con mayor intensidad sobre el peso de los granos que sobre su número. En las espigas con daños leves y moderados, la reducción del número de granos fue inferior a un 5%; en las severamente afectadas, se mantuvo por debajo de un 10%.

La disminución del peso fue considerablemente mayor. Las espigas con daño moderado perdieron alrededor de un 35% del peso de mil semillas, mientras que en aquellas con síntomas severos la pérdida alcanzó aproximadamente un 60%. Scalora aclaró que las muestras fueron trilladas manualmente y que, en condiciones de cosecha mecánica, parte de los granos provenientes de espigas severamente dañadas podría no separarse de la mazorca, lo que aumentaría las pérdidas efectivas.

Como conclusión, el estudio determinó que la cantidad de espigas afectadas, la severidad de sus síntomas y el peso de 1.000 semillas fueron los factores que más incidieron en la pérdida potencial de rendimiento. Los resultados también confirmaron la importancia de seleccionar híbridos con mejor comportamiento frente al complejo, y la gran variabilidad que existe entre ambientes.