En una campaña con dificultades para sostener el ritmo previsto de cosecha, la planificación del trabajo en cada lote adquiere especial importancia, indicó el asesor del Directorio de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, Jorge Scandaliaris. El estado del cañaveral, las condiciones del suelo y el riesgo de deterioro de la materia prima deben analizarse en conjunto para definir cómo avanzar con la cosecha, de modo de reducir pérdidas y preservar la capacidad productiva del cultivo.
La condición del piso es el primer aspecto que debe considerarse al planificar las tareas. Cuando el suelo presenta un exceso de humedad y no ofrece suficiente firmeza para el tránsito de la maquinaria, el ingreso de cosechadoras y de equipos de transporte puede provocar huellas profundas y compactación, con consecuencias sobre el desarrollo de las raíces y la brotación de la siguiente soca. En estas situaciones, postergar el ingreso permite evitar daños que pueden comprometer la productividad futura del cañaveral, especialmente en caña planta y socas jóvenes.
Cuando las condiciones permiten trabajar, la prioridad debe centrarse en los lotes con mayor riesgo de deterioro si la cosecha se demora. Entre ellos, los cañaverales florecidos requieren especial atención, debido a que la permanencia en el campo puede favorecer la deshidratación de los tallos, la formación de corcho o el ahuecamiento, y las pérdidas de peso y de sacarosa. Por este motivo, resulta conveniente priorizar su cosecha, considerando el estado del cultivo y las condiciones operativas de cada lote.
También deben atenderse los cañaverales volcados, sobre todo cuando los tallos permanecen en contacto con el suelo húmedo. Esta situación puede favorecer la emisión de raíces y de brotes laterales, además de incrementar el riesgo de pudriciones y de deterioro de la calidad de la materia prima. Cuando el piso lo permita, conviene avanzar con su cosecha y adecuar la operación de los equipos para reducir el ingreso de tierra y de material extraño a la fábrica, con especial atención a la velocidad de avance y a la altura de corte basal.
Otro grupo que merece consideración es el de los cañaverales de alta producción que presentan el surco cerrado y escasas posibilidades de continuar creciendo. En lotes con producciones estimadas superiores a 1.200 kilogramos por surco, esta condición puede asociarse con un mayor riesgo de vuelco y de posterior deterioro. Cuando el piso y el estado del cultivo lo permitan, su cosecha contribuye a aprovechar la producción disponible y a liberar el lote para el inicio del nuevo ciclo.
En otras situaciones, si las condiciones operativas obligan a postergar la cosecha, resulta importante evaluar las características de los lotes antes de definir cómo proceder. No todos los cañaverales presentan la misma capacidad para permanecer en pie y mantener su potencial productivo. En términos generales, los lotes sanos y erectos, con tallos molibles y sin brotaciones laterales significativas, pueden reunir condiciones más favorables para una cosecha diferida.
La edad del cañaveral también debe formar parte de esta evaluación. La caña planta y las socas jóvenes pueden presentar mayor vigor y capacidad de crecimiento, aunque su conveniencia como alternativa dependerá del estado particular del lote y de las condiciones en las que transcurra el período siguiente. Del mismo modo, los cañaverales con producciones moderadas, estimadas entre 800 y 900 kilogramos por surco, pueden considerarse entre las opciones posibles cuando presentan buen estado sanitario y permanecen erectos. En estos casos, la posibilidad de continuar creciendo y de aportar producción adicional deberá evaluarse según la evolución del cultivo.
Los valores de producción constituyen una referencia para orientar el análisis, pero no deben utilizarse de manera aislada. El estado del cañaveral, las condiciones del suelo, la posibilidad de deterioro y las perspectivas de crecimiento son factores que deben considerarse conjuntamente para definir la alternativa más conveniente en cada situación.