“Todo burrero que se respete debe ir al Colón, en cuyas mesas La Verde y otras revistas similares son la biblia para cuatro o cinco cabezas únicas que van haciendo cálculos alrededor de los pronósticos”, describía en 1947 un anónimo columnista del desaparecido diario “Trópico” que firmaba como “El hombre de la calle”. En esa publicación habló de los cafés de la plaza Independencia y dijo que el Colón, ubicado en calle Las Heras (actual San Martín) al 400, tenía un “rincón silencioso” de los jugadores de ajedrez, y más allá, “el mundo de lo billares y las billas, sin faltar alguna mesita de dominó”.
No se sabe bien cuándo surgió el café, pero la imagen aparecida en el volumen de la “Estadística gráfica”, de 1892, entre medio de un centenar de páginas referidas a comercios y fábricas de Tucumán, da cuenta de la presencia del local. También lleva un dibujo del rostro del dueño, Pedro Schiavi. La imagen, impactante, muestra la “Academia de 24 billares” que le darían la fama que luego describió “El hombre de la calle”.
Recuerdos fotográficos: una lección del maestro AvelinoEn la crónica del 24 de mayo de 1983 de LA GACETA se cuenta: “El bar Colón desaparece con 1.000 historias adentro”. “Se apagaron de golpe... los ruidos de las fichas de dominó y de las bolas de billar, la risotada de la broma futbolera, el aroma invasor de la buseca, el locro y la empanada, el paso acelerado del “burrero” que llegaba justo a tiempo y corría hasta las ventanillas del fondo, donde podía apostar la fija de Palermo o San Isidro”.
Se cuenta que en 1919 funcionaba a pleno con orquestas de señoritas en un balcón interno, por encima de la sala de juegos; que la actividad empezaba a las 6; que se consumían más de 500 porciones de locro por día y sólo de vino común más de 120 litros. Que don Benjamín Prado, concesionario del Colón desde 1954 hasta 1972, decía con orgullo: “ahí impuse el nombre de radical al sándwich de lomo. Es que lo pedían los muchachos de ese partido, que se reunían en una casa a la par de la Catedral”.
Recuerdos fotográficos: Lules, tierra de café en 1891“Alrededor de sus mesas se encontraban unidos, por quién sabe qué temas en común, comerciantes, poetas, desocupados y hasta algún turista. Toda una gama de personajes oscuros y brillantes firmaban el libro de asistencia”. Hasta que en 1983 se bajaron sus persianas.