El complejo de Ojo de Agua amaneció hoy con un clima distinto, como si algo importante estuviera por ocurrir. Mientras Julio César Falcioni y sus colaboradores se preparaban para dirigir el último entrenamiento antes de la semifinal de Copa Argentina frente a Platense, un grupo de juveniles de la séptima división buscaba noticias del plantel profesional. “¿Ya están entrenando?”, preguntaron al pasar. La expectativa también se colaba en las conversaciones con los empleados del club: tarde o temprano, todas terminaban en el partido de mañana.
Cerca de las 9, los futbolistas comenzaron a moverse sobre la cancha principal. La mañana estaba fresca y el primer ejercicio fue un “loco”, entre pases, caños y gambetas. Desde lejos se escuchaban gritos, aplausos y carcajadas. Parecía la reunión de un grupo de amigos antes de emprender un viaje largamente deseado. Y, en cierto modo, lo era: después de una temporada de altibajos, Atlético quedó a un triunfo de disputar la final de la Copa Argentina.
Los propios protagonistas vienen poniendo en palabras la dimensión del desafío. “Es un sueño”, definió Luciano Vallejo. “Es el partido del año”, aseguró Alexis Canelo. Y Leonel Vega fue todavía más explícito: “Estamos muy ilusionados. Queremos llegar a esa final como sea”. El triunfo ante Tigre, el viernes en Victoria, permitió llegar fortalecido a la cita más importante de la temporada.
La confianza también se explica desde adentro. “Es uno de los mejores grupos que me tocó desde que estoy acá. Estamos unidos, fuertes. Vamos a dejar el 200%”, prometió Ramiro Ruiz Rodríguez. Gabriel Compagnucci, uno de los más experimentados del plantel, coincidió: “Confío mucho en el grupo. Hay varios jóvenes, con muchas ganas de triunfar y hambre de gloria”. Sin embargo, el volante sabe que la unión no alcanzará por sí sola. “Platense es un rival muy duro, sabe cómo jugar este tipo de instancias. Creo que será un partido cerrado, que se definirá en los detalles”, advirtió.
Cuando terminó el “loco”, el clima cambió. Las risas dieron paso a las indicaciones y la concentración. Falcioni apartó al probable equipo titular y dispuso una práctica de fútbol frente a un combinado de juveniles para ajustar movimientos y repasar aspectos tácticos. Después de unos minutos, los chicos dejaron el campo y los profesionales continuaron trabajando con la pelota. La distensión del comienzo había quedado atrás. Ahora predominaban las indicaciones, los gestos serios y la atención puesta en cada movimiento.
Las expresiones también lo delataban. En un momento de la mañana, Maximiliano Villa se alejó unos metros de la cancha. Caminaba serio, con la mirada fija, como abstraído de todo lo que ocurría a su alrededor. Ante una broma de LA GACETA, el uruguayo sonrió y explicó: “Es que ya tengo la cabeza puesta en el partido”. Una respuesta breve que sintetizaba el estado de ánimo de un plantel consciente de la oportunidad que tiene por delante.
Concluida la práctica, los jugadores pasaron por los vestuarios, juntaron sus pertenencias y se dirigieron al hotel Sheraton para almorzar antes de emprender viaje a Salta. Allí los esperaba una verdadera fiesta. Decenas de hinchas se concentraron frente al establecimiento, en la zona del Parque 9 de Julio, con banderas, bombos y cánticos para despedir al plantel. Lejos de permanecer ajenos al festejo, varios futbolistas salieron a una terraza del hotel para saludar, sacarse fotografías y firmar camisetas. Entre brazos levantados, celulares y sonrisas, la comunión entre el equipo y su gente quedó a la vista.
La mañana había comenzado con las preguntas de los juveniles y terminó con los jugadores saludando a una multitud desde el Sheraton. Entre un momento y otro hubo risas, trabajo y concentración, pero una sola certeza: Atlético está ante una oportunidad que no se presenta todos los días. Mañana, desde las 21.15, en el estadio Padre Ernesto Martearena de Salta, llegará el momento de aprovecharla.