CUENTOS

CUIDADO AL ENTRAR

PATRICIA RATTO

(Adriana Hidalgo – Buenos Aires)

Cuidado al entrar, el nuevo libro de Patricia Ratto, reúne una serie de cuentos en los que lo imposible se lee como parte de lo real. La ficción hace posible lo imposible: ese viento que arrasa irrumpe en la imaginación del lector y de la realidad narrada. Ratto introduce animales, olores, alas, objetos que trastocan la realidad en diversos lugares. Los cuentos suceden en patios, puertos, espacios íntimos, ciudades, espacios exóticos y también reconocibles. La autora interviene lo cotidiano y lo convierte en algo extraño y perfectamente comprensible. Los cuentos ponen en escena lo extraordinario en el marco de lo más ordinario. No hay portales ni umbrales que nos trasladen a lo surreal. Ratto observa la vida diaria de sus personajes y ve en los intersticios aquello que se ha convertido en otro.

En el primer texto de la serie un perro humano convive con la narradora. La clave del relato es la amabilidad con la que trata a su compañero de cuarto (¿un cinocéfalo?). En “Alguna otra cosa impensada”, un objeto –no es exactamente un objeto– deforma el cuerpo del personaje. ¿Ella acepta su transformación como un hecho ordinario y casual? Ahí está el centro del relato. “Fuegos”, uno de los textos más logrados, conecta, hábilmente, los relinchos ubicuos de unos caballos en Tandil con el fémur del Petiso orejudo.

En “Quintay”, “las pobres bestias son amarradas a un cable de acero que está unido a un huinche”. Las ballenas provocan un olor nauseabundo que modifica la geografía y los ánimos. En “El desconcierto”, el agua altera la sustancia de lo real. Los músicos que tocan y el público asisten a un fenómeno que es menos meteorológico que metafísico: “La solista continúa su blanco aleteo bajo la lluvia, su vestido vaporoso ha perdido volumen, languidece…”. Frente a la absoluta alteración, la narradora advierte: “...igual nos sigue lloviendo música de agua y agua filarmónica”. La escena es extraña, pero el modo de narrar integra lo insólito con lo cotidiano como si fueran parte de la misma cosa.

“La espera”, la historia de una paciente, narra los instantes previos de una curiosa e impensada transmutación: ¿acaso los pájaros invaden lo humano?

De Ovidio a Kafka

Los griegos –o los helenos– imaginaron las transformaciones de las cosas como sucesos que conectan lo real con lo imaginario. Los helenos vieron en Proteo, en otras divinidades y humanos que se transforman (pensemos en los cambios de Ulises) hechos que forman parte de lo cotidiano. Ovidio también puso el foco en las metamorfosis de los seres. En el siglo XX, Kafka hizo de estos fenómenos una poética. El nuevo libro de cuentos de Patricia Ratto se inscribe en esta forma de entender la ficción. La literatura nos permite pensar en las mutaciones y en sus modos diversos. Lo real, parece decirnos Ratto en estos cuentos atípicos, está rodeado, atravesado o invadido –aunque no lo veamos– por las invisibles y evidentes metamorfosis.

Fabián Soberón - LA GACETA