Uberto es un viejo solterón, que ya ha perdido la paciencia con su sirvienta Serpina, quien se cree la dueña de la casa y pretende digitarle la vida. Entonces le ordena a Vespone que le encuentre una esposa, para así liberarse de ella. Pero la criada lo convence de tenderle una trampa: se presenta como la novia de un militar, le dice que dejará la casa y le pide perdón por su comportamiento, mientras le exige una dote. A no poder pagarla, el dueño de casa descubre que, en realidad, está enamorado de Serpina y la desposa.
Este es el argumento de “La serva padrona” (“La sirvienta patrona”), la ópera bufa que fue estrenada en Nápoles en 1733 por Giovanni Battista Pergolesi y que esta noche y mañana a las 21 se presentará en la Sociedad Francesa (San Juan 751), a cargo de OPUS Producciones Líricas, con escenografía y vestuario ambientado en el siglo XVIII. Los roles protagónicos de esta noche serán cubiertos por Lucia Jatib, Alejandra Jurao y Juan Ángel Medina, junto a la Orquesta Juvenil Aurora dirigida por Diego Guzmán Villalobos y con Sonia González al piano. La dirección general es de Miriam Gómez.
“Pergolesi compuso esta obra como un intermezzo para su ópera seria ‘El prisionero orgulloso’. Era muy común en esa época que se combinasen, entre actos, puestas serias con obras breves cómicas o con ballet para entretener al público. La ironía es que mientras ‘El prisionero...’ a no tuvo éxito, ‘La sierva...’ fue aclamada por el público y representada durante mucho tiempo después por toda Europa, adquiriendo el status de ópera independiente de 50 minutos, tal cual se la estrenó, sin cambios ni agregados porque es la extensión original. Músicos y estudiosos del arte lírico coinciden en que es la primera gran obra maestra del género cómico”, explica Gómez.
La directora señala que “la puesta implica recrear un género que no ha perdido vigencia; histórica y estéticamente es ver condensado en ese producto final el momento bisagra del paso del Barroco al Clasicismo”. “Es la única ópera de Pergolesi que se mantiene en el repertorio de los teatros del mundo. Es muy atractiva y asequible para todo público, es fresca y divertida y las acciones fluyen con gracia y libertad. Sus personajes son queribles y cercanos, a pesar del tiempo en que fue escrita, y cualquier persona del público podría identificarse con uno u otro: la doncella, pícara y astuta, que prácticamente se crió en la casa y se siente casi la dueña; el dueño, un próspero comerciante, viejo y solterón un poco cansado de los embates de ella; y un criado, mudo, que lo asiste y cumple con todos sus caprichos”, describe.