El Sol tiene unos 4.600 millones de años y, aunque todavía se encuentra en una etapa relativamente estable, su evolución cambiará por completo el sistema solar dentro de miles de millones de años. Cuando agote el hidrógeno de su núcleo, comenzará a expandirse hasta convertirse en una gigante roja, un proceso que podría poner en riesgo a los planetas más cercanos, incluida la Tierra.

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Sin embargo, el destino de nuestro planeta podría no ser tan inevitable como se creía. Un estudio publicado en junio de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics analizó cómo evolucionará la órbita terrestre durante las últimas etapas de la vida del Sol y concluyó que la Tierra podría sobrevivir a esa transformación. De todos modos, los investigadores advirtieron que el resultado depende de factores que todavía presentan incertidumbres.

Qué pasará con el Sol dentro de 5.000 millones de años

El Sol y los planetas del sistema solar se formaron hace aproximadamente 4.600 millones de años a partir de una enorme nube de gas y polvo. La gravedad concentró parte de ese material en el centro, donde nació nuestra estrella, mientras que los restos formaron un disco del que surgieron los planetas, los asteroides y otros cuerpos celestes.

En la actualidad, el Sol es una estrella de tipo espectral G2V, conocida como enana amarilla. Su energía se produce mediante la fusión nuclear en el núcleo, donde el hidrógeno se transforma en helio y libera la energía que recibimos en forma de luz y calor.

Esta etapa relativamente estable se conoce como secuencia principal. Pero, cuando el hidrógeno del núcleo comience a agotarse, la estructura de la estrella cambiará: el núcleo se contraerá y calentará, mientras que las capas exteriores se expandirán progresivamente.

Así comenzará la fase de gigante roja. El Sol aumentará enormemente su tamaño y modificará las condiciones de todo el sistema solar. Mercurio y Venus serían especialmente vulnerables a esa expansión, mientras que el futuro de la Tierra continúa siendo objeto de investigación científica. 

¿La Tierra será devorada por el Sol cuando se convierta en una gigante roja?

Durante mucho tiempo, los modelos científicos contemplaron la posibilidad de que la Tierra terminara engullida por el Sol. A medida que la estrella se expanda, sus capas externas podrían aproximarse a la órbita terrestre y las fuerzas de marea podrían reducir la distancia entre ambos cuerpos.

Sin embargo, la evolución de la órbita de nuestro planeta no depende solamente del tamaño que alcance el Sol. También intervienen la intensidad de las interacciones gravitatorias entre la estrella y la Tierra y la cantidad de masa que el Sol pierda durante sus últimas etapas.

Cuando una estrella pierde masa, su atracción gravitatoria disminuye. Como consecuencia, los planetas que la orbitan pueden alejarse. En el caso de la Tierra, ese desplazamiento podría compensar parcialmente la expansión solar y permitir que nuestro planeta evite ser engullido.

La cuestión central es determinar qué efecto prevalecerá: la expansión de las capas externas y las fuerzas de marea que pueden acercar la Tierra, o la pérdida de masa que puede ampliar su órbita.

Qué descubrió el estudio publicado en Astronomy & Astrophysics

La investigación, titulada The fate of Earth during the Sun’s giant phases: New constraints from ab initio tidal modelling and AGB mass loss, fue realizada por M. Esseldeurs, S. Mathis y L. Decin y publicada en junio de 2026.

Los científicos utilizaron modelos de evolución estelar para estudiar el comportamiento de la órbita terrestre durante las fases de gigante roja y gigante asintótica del Sol. También compararon distintas estimaciones de las interacciones de marea y exploraron diferentes tasas de pérdida de masa de la estrella.

Los resultados mostraron que las conclusiones cambian según los parámetros utilizados. Con modelos actualizados de disipación de las mareas, la Tierra logra sobrevivir a las dos fases estudiadas. En cambio, algunos modelos anteriores predicen que nuestro planeta sería engullido durante la etapa de gigante asintótica.

La pérdida de masa también resulta determinante: tasas bajas pueden favorecer que la Tierra termine engullida, mientras que tasas más elevadas permiten que su órbita se amplíe lo suficiente para evitar ese desenlace.

Los investigadores utilizaron las observaciones de L₂ Puppis, una estrella evolucionada, como referencia para estimar la futura pérdida de masa del Sol. Bajo esa combinación de parámetros, los resultados sugieren que la Tierra probablemente sobreviviría. No obstante, el estudio aclara que todavía existen incertidumbres importantes para establecer el destino definitivo del planeta. 

Aunque sobreviva, la Tierra podría dejar de ser habitable mucho antes

Que la Tierra consiga evitar ser engullida por el Sol no significa que pueda conservar sus condiciones actuales durante miles de millones de años.

Mucho antes de que nuestra estrella alcance la fase de gigante roja, el aumento gradual de su luminosidad podría alterar profundamente el clima terrestre. Según las proyecciones científicas citadas en el material de referencia, dentro de aproximadamente 1.000 millones de años las condiciones podrían volverse incompatibles con la vida tal como la conocemos.

El incremento de la energía solar afectaría el ciclo del agua y podría conducir, a largo plazo, a la pérdida de los océanos. En ese escenario, la Tierra dejaría de ser habitable mucho antes de que se produjera la transformación final del Sol.

Por eso, el interrogante científico no se limita a saber si nuestro planeta será absorbido por la estrella. También implica determinar qué ocurrirá con su órbita y cuánto tiempo podrá conservar condiciones favorables para la vida.

Si los modelos que predicen su supervivencia se confirman, la Tierra podría continuar orbitando alrededor de los restos del Sol, que finalmente se convertirá en una enana blanca. Sería, sin embargo, un mundo muy diferente del que conocemos hoy.