La eliminación de Flamengo ante Estudiantes de La Plata en la Copa Libertadores dejó una de las imágenes más notorias de la noche en la zona mixta: Lucas Paquetá con lágrimas en los ojos ante los micrófonos tras la caída por penales (3-2). El volante, habitual ejecutor desde los doce pasos con su característico freno antes del impacto, vio cómo Fernando Muslera adivinó su remate rasante sobre el palo derecho para contener el disparo. La acción dejó al mediocampista en el centro de los cuestionamientos de los hinchas y de la prensa brasileña, que también apuntaron contra el planteo táctico del entrenador Léo Jardim.

El impacto del penal atajado cobró mayor dimensión por el costo económico de su contratación. A mitad de temporada, la dirigencia de Flamengo acordó su regreso desde el West Ham inglés a cambio de 50 millones de dólares (unos 42 millones de euros), una cifra que representó la transferencia más cara en la historia del fútbol sudamericano. “Tristeza total. Hice mi máximo esfuerzo, pero fallé cuando no podía fallar”, reconoció Paquetá visiblemente afectado ante las cámaras, antes de agregar: “Duele mucho. Me preparé mucho para este momento y, lamentablemente, no pude ayudar. Vamos a intentar asimilarlo, ni siquiera sé qué decir. Le pido disculpas a la nación”.

La definición en los penales cerró una serie que ya había tenido al volante en el foco de la polémica en el partido de ida. En La Plata, Paquetá había evitado la expulsión tras un codazo sobre Ezequiel Piovi que el árbitro paraguayo Juan Gabriel Benítez solo sancionó con tarjeta amarilla sin intervención del VAR, una maniobra que el propio futbolista definió días después como un choque involuntario. Una semana más tarde, la atajada de Muslera selló el camino del conjunto carioca y dejó a la incorporación más costosa del continente fuera de la final frente a Palmeiras.