Para explicar el presente de San Martín, Alejandro Orfila eligió una imagen de la vida cotidiana: la de millones de argentinos que salen de su casa todos los días sin garantías ni margen para un mal día. “Hoy la situación en el país es matar o morir todo el tiempo. Te quedás sin trabajo y ¿qué hacés? Tenés que salir todos los días a matar o morir”, le dijo a LA GACETA en su oficina, a la que en el plantel llaman “el confesionario”. Con esa lógica, el equipo visitará este sábado a Quilmes, desde las 16 en el Centenario, por la fecha 35 de la Primera Nacional: no tendrá otra alternativa que ganar.

El “Santo” llega con 46 puntos, décimo en la zona B y a dos de Deportivo Maipú, que hoy ocupa el último lugar del Reducido. La remontada contra Midland lo mantuvo con vida, pero no le dejó respiro: necesita ganar sus dos últimos partidos y esperar otros resultados. El empate, el resultado que más repitió en la temporada, con 13, ya no le sirve: en Quilmes lo dejaría prácticamente afuera.

El DT conoce la diferencia entre jugar con colchón y jugar al límite. “Cuando estás mucho más estable, tenés margen: si no gano, puedo empatar, me puedo ir acomodando”, explicó.

Prohibido pestañear

Ese espíritu ya tuvo su primera prueba. El lunes posterior a la caída en Villa Crespo, el entrenador reunió al plantel con un mensaje sin anestesia. “El que crea que ya estamos muertos, allá está el portón”, les dijo. La consigna fue directa. “A mí, para matarme, me tienen que matar de verdad. Donde me dejen pestañear un poquito, revivo”, contó.

El domingo, contra Midland, el guion se cumplió al pie de la letra. Como en esas películas en las que el protagonista parece vencido y abre los ojos en la última escena, San Martín perdía 2-0, venía de jugar su peor primer tiempo del ciclo y lo dio vuelta en 14 minutos. Midland pestañeó y el “Santo” revivió.

Ahora, el desafío es sostener esa energía sin que se convierta en ansiedad. Orfila admitió que en el primer tiempo ante el “Funebrero” el equipo se pasó de revoluciones. Por eso, en la semana cambió el foco. “Lo que más se trabaja ahora es lo emocional. Tácticamente, técnicamente y conceptualmente, ya lo tienen todo”, aseguró.

Del otro lado, otra final

Enfrente estará un rival que también juega una final. Quilmes tiene 39 puntos, está a tres de la zona de descenso y un triunfo le alcanzaría para asegurar la permanencia. El equipo de Emanuel Trípodi, sin embargo, llega golpeado: no convierte desde hace tres fechas, no tendrá a Agustín Lavezzi ni a Ulises Vera, sus dos máximos goleadores, y a comienzos de semana sufrió el reclamo de la barra en pleno entrenamiento.

Uno mira arriba; el otro, de reojo hacia abajo. En la primera rueda, en La Ciudadela, igualaron 0-0, un resultado que esta vez no conformaría a ninguno.

Las piezas

San Martín tampoco llega entero. No estarán Mauro Verón, con una lesión ligamentaria en la rodilla derecha; Alan Cisnero, que volvió a resentirse, ni Bruno Cabrera, el goleador del equipo, suspendido por acumulación de amarillas. La buena noticia llegó desde la AFA: el Tribunal de Disciplina le dio por cumplida la sanción a Nahuel Gallardo, que estará disponible.

Orfila usó la semana para rearmar el ataque. Diego Diellos y Luca Arfaras pelean por el lugar de Verón, mientras que Matías “Caco” García, figura de la remontada, aparece como la carta más fuerte para ser titular.

Otros movimientos

El resto de la fecha importa: Colegiales jugará contra Atlético de Rafaela (este sábado a las 20), Deportivo Maipú recibirá a Güemes (el domingo desde las 17) y San Martín de San Juan visitará a Nueva Chicago (el lunes, a las 13).

Este sábado no habrá lugar para acomodarse. Como el trabajador que sale cada mañana sin saber “si volverá con el pan”, San Martín saldrá a matar o morir. La diferencia es que este equipo ya demostró algo: si el rival pestañea, sabe revivir.