El viaje parecía avanzar según lo previsto. Un automóvil circulaba por delante y otro lo seguía por la ruta nacional 34, en el sur de Salta. La función del primero era abrir camino, comprobar las condiciones de circulación y advertir sobre posibles controles. El segundo llevaba la carga escondida en un lugar que no estaba a simple vista: detrás del torpedo, en el interior de una estructura metálica acondicionada para ocultar la droga.

Pero la maniobra no pasó inadvertida para los investigadores. El domingo 18 de octubre, en Rosario de la Frontera, el operativo de Gendarmería Nacional terminó con el secuestro de 53 kilos de cocaína y la detención de dos hombres de 27 y 28 años. Uno viajaba en el vehículo que transportaba los estupefacientes; el otro cumplía la función de coche puntero.

Días después, ambos quedaron imputados por transporte de estupefacientes y con prisión preventiva. Detrás de ese procedimiento había una investigación que llevaba más de un año y que conectaba el caso con otros dos cargamentos de cocaína interceptados en las rutas salteñas.

Dos Peugeot, dos cargamentos y una investigación que avanzaba

Para reconstruir la historia hay que retroceder al 1 de junio de 2025. Aquel día, personal del Escuadrón 45 de Gendarmería Nacional detuvo a dos personas que viajaban de norte a sur por la ruta nacional 68, a la altura de Cafayate. Se movilizaban en un Peugeot 208 y llevaban 52 kilos de cocaína.

Casi cuatro meses después, el 27 de septiembre, se produjo un segundo procedimiento. Esta vez, otra patrulla de la misma fuerza interceptó sobre la ruta nacional 34, a la altura del peaje Cabeza de Buey, a otros dos hombres que transportaban 50 kilos de cocaína en un Peugeot 408.

En principio, se trataba de dos procedimientos diferentes. Sin embargo, el análisis de los vehículos, sus registros de titularidad y los vínculos entre las personas involucradas permitió a la fiscalía encontrar conexiones entre ambos episodios.

La investigación comenzó a revelar una modalidad de trabajo que iba más allá de los conductores sorprendidos con la droga. Según la hipótesis fiscal, había otras personas encargadas de acompañar los traslados, circular por delante de los vehículos cargados y comprobar si el camino estaba despejado.

Así apareció la figura de los coches punteros, una pieza importante en la logística que, de acuerdo con la pesquisa, utilizaba la organización. La reiteración de automóviles de la marca Peugeot en los procedimientos llevó a los investigadores a bautizar al grupo como “La banda de los Peugeot”.

A partir de entonces, las tareas de campo, los seguimientos y las intervenciones telefónicas permitieron ampliar el mapa de sospechosos e identificar a otras personas que presuntamente participaban de los viajes.

Las escuchas anticiparon un nuevo traslado

Para octubre de 2026, los investigadores ya seguían los movimientos de los dos hombres que terminarían detenidos. La Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) NOA, a cargo de la investigación junto con el Ministerio Público Fiscal, contaba con información obtenida mediante intervenciones telefónicas que, desde el 16 de octubre, daba cuenta de la preparación de un nuevo transporte de cocaína.

Uno de los sospechosos había salido de La Quiaca, en Jujuy, y se había dirigido hacia la ciudad salteña de Metán. Allí llegó a un hotel y dejó estacionado un Ford Focus cerca del establecimiento.

El cambio de vehículo llamó la atención dentro de una investigación que hasta entonces había detectado reiteradamente automóviles Peugeot. Esta vez, el rodado elegido para llevar la carga era de otra marca.

Al día siguiente apareció el segundo sospechoso. Se desplazaba en un Volkswagen Bora y comenzó a realizar recorridos de ida y vuelta entre Metán y el límite con Tucumán.

No se trataba, según la reconstrucción fiscal, de desplazamientos sin sentido. Esos viajes respondían a una maniobra conocida como barrido: el vehículo avanzaba primero para verificar las condiciones de circulación y detectar la posible presencia de controles policiales o de Gendarmería.

En uno de esos recorridos intervino personal del puesto de Gendarmería de El Naranjo. Por disposición de la fiscalía, los efectivos identificaron al conductor del Volkswagen Bora y luego le permitieron continuar su marcha, como parte de las tareas destinadas a no comprometer el seguimiento de los sospechosos.

La investigación seguía en curso. Los movimientos de ambos hombres y las comunicaciones telefónicas aportaban información para determinar cuándo intentarían concretar el traslado.

La llamada a su madre antes del Día de la Madre

Uno de los datos más reveladores surgió de una conversación telefónica entre uno de los sospechosos y su madre, en la víspera del Día de la Madre.

Durante esa comunicación, el hombre hizo referencia a las dificultades que había encontrado para avanzar. Según expuso la auxiliar fiscal Florencia Altamirano durante la audiencia de imputación, le dijo que “no pudo pasar” porque la noche anterior “había como cinco monos”, en referencia a la presencia de personal de Gendarmería en el control.

La conversación también dejó en evidencia su preocupación por la situación y la incertidumbre sobre cómo continuar. El sospechoso manifestó que no sabía qué iba a hacer, mientras la investigación avanzaba sobre la hipótesis de que ambos hombres aguardaban el momento oportuno para seguir adelante.

Ese intercambio se convirtió en una pieza relevante para reconstruir la logística del traslado. Los investigadores ya tenían bajo observación los vehículos y contaban con indicios de que el intento de transportar la cocaína podía concretarse en cualquier momento.

La fiscalía intensificó entonces las tareas de vigilancia sobre el Ford Focus y el Volkswagen Bora.

El escáner detectó algo extraño en el torpedo

El domingo 18 de octubre, los dos automóviles volvieron a aparecer sobre la ruta nacional 34, en el sur salteño. El Volkswagen Bora avanzaba por delante, mientras que el Ford Focus circulaba detrás.

La disposición de los vehículos coincidía con la modalidad que los investigadores venían reconstruyendo: uno abría camino y el otro transportaba el cargamento.

Esta vez, el operativo terminó en el puesto de control de Gendarmería en Rosario de la Frontera. Los efectivos detuvieron el Ford Focus y comenzaron la inspección del automóvil.

Fue entonces cuando el escáner reveló imágenes irregulares en la zona del torpedo. A simple vista, el sector no permitía advertir qué había detrás de la estructura, pero las anomalías detectadas durante el control llevaron a profundizar la revisión.

Al examinar el lugar, los gendarmes encontraron tuercas que no correspondían a las piezas originales del vehículo. La presencia de esos elementos reforzó las sospechas de que el automóvil había sido acondicionado para esconder algo en su interior.

Cuando retiraron las tuercas, apareció una caja metálica oculta detrás del torpedo. En su interior había 50 paquetes de cocaína, cuyo peso total alcanzó los 53 kilos.

El hallazgo puso fin al recorrido del cargamento y derivó en la detención de los dos hombres. Según la investigación, la droga tenía como destino la provincia de Buenos Aires.

Uno de los imputados es de nacionalidad boliviana y reside en el partido bonaerense de La Matanza, lugar hacia el que, de acuerdo con la hipótesis fiscal, se dirigía la carga.

La imputación y la prisión preventiva

El Ministerio Público Fiscal atribuyó a los dos hombres el delito de transporte de estupefacientes y solicitó que se declarara la legalidad de las detenciones. También pidió un plazo de tres meses para avanzar con la investigación penal y autorización para realizar peritajes sobre la droga y los demás elementos secuestrados.

Además, requirió que ambos permanecieran detenidos bajo prisión preventiva. Para fundamentar el pedido, la fiscalía señaló la gravedad del hecho, la escala penal prevista y los riesgos de fuga y de entorpecimiento de la investigación.