La Federación Internacional del Automóvil (FIA) aprobó nuevas reglas que obligarán a las escuderías de Fórmula 1 a separar con mayor rigor sus recursos humanos, tecnológicos y operativos de los que utilizan en otras categorías, como el Campeonato Mundial de Endurance (WEC) y la Fórmula E. La normativa comenzará a regir en 2027 y busca cerrar posibles vías para eludir el límite presupuestario de la máxima categoría.

Según informó Motorsport, el organismo detectó que algunas estructuras habrían aprovechado la organización empresarial compartida para utilizar personal y tecnología de otras divisiones sin que todos esos costos quedaran incluidos en las cuentas de la F1. El tope de gastos se ubica actualmente en 215 millones de dólares por temporada, aunque no contempla determinados rubros.

La preocupación está vinculada, en parte, con la evolución tecnológica de las distintas competencias. La Fórmula E utiliza monoplazas totalmente eléctricos, mientras que la F1 incorporó desde 2026 una mayor participación de la energía eléctrica en sus unidades de potencia, con un reparto aproximado del 47% de potencia eléctrica y el 53% de combustión. El WEC, por su parte, también cuenta con prototipos híbridos. Esa coincidencia tecnológica alimentó las sospechas sobre la posibilidad de compartir conocimientos y desarrollos entre categorías.

Qué cambiará desde 2027

Hasta ahora, un ingeniero podía repartir su jornada entre el programa de Fórmula 1 y otros proyectos de la misma compañía. En esos casos, solo la parte del trabajo atribuida a la F1 se computaba dentro del límite presupuestario. La nueva normativa apunta a restringir esa dinámica y a establecer una separación más clara entre las distintas actividades.

Las limitaciones alcanzarán también a instalaciones y herramientas tecnológicas, como simuladores, túneles de viento, bancos de pruebas, centros de datos y sistemas informáticos. Además, se impondrán controles más estrictos sobre el acceso a las fábricas: el personal ajeno al equipo de Grandes Premios no podrá ingresar en las áreas reservadas a la F1, mientras que los empleados de la categoría tampoco podrán desarrollar tareas en otras divisiones.

Los movimientos internos de trabajadores también estarán sujetos a nuevas condiciones. Quien abandone el programa de Fórmula 1 para incorporarse a otra área deberá firmar un contrato que detalle sus funciones y perderá de inmediato el acceso a su correo corporativo y a las credenciales anteriores. A su vez, quienes dejen la estructura de F1 no podrán regresar a ella durante al menos un año. En sentido inverso, los empleados que lleguen desde programas externos a la categoría deberán cumplir tres meses de gardening leave, un período de separación durante el cual no podrán participar en actividades de la compañía.

Las escuderías bajo la lupa

Las posibles ventajas derivadas de compartir recursos generan interrogantes sobre equipos que también compiten en el WEC, como Aston Martin, Ferrari, Cadillac y Alpine. Toyota también aparece en el análisis por su vínculo con Haas, al que patrocina. En el caso de Alpine, la relación empresarial con el Grupo Renault y la presencia de Nissan en la Fórmula E suman otro elemento a la discusión, aunque el equipo de Enstone utiliza motores Mercedes en la F1.

Mercedes, precisamente, tuvo una escudería en la Fórmula E entre las temporadas 2019/2020 y 2021/2022, período en el que consiguió títulos consecutivos de pilotos y constructores. Parte de esa experiencia tecnológica se desarrolló en paralelo con los cambios que se avecinaban en la Fórmula 1, donde la electrificación ganó protagonismo a partir de 2026.

En Aston Martin, en cambio, el Valkyrie del WEC utiliza un motor V12 de combustión desarrollado por Cosworth. Aun así, la posibilidad de que los ingenieros de una misma empresa compartan conocimientos o trabajen en desarrollos aplicables a distintas categorías forma parte de las dudas que la FIA busca despejar.

La discusión podría adquirir mayor relevancia en 2027, cuando McLaren y Ford regresen a la máxima división del WEC. Ford, además, es proveedor de unidades de potencia de Red Bull. En ese contexto, Lando Norris probó recientemente en Portimão el McLaren MCL-HY que la marca prepara para el campeonato de resistencia. La prueba reavivó las preguntas sobre el intercambio de información entre programas deportivos, aunque no demuestra por sí misma que haya existido una transferencia irregular de datos.

Un límite que sigue bajo discusión

El alcance real del control presupuestario es un debate recurrente en la Fórmula 1. Christian Horner, exdirector de Red Bull, sostuvo que las escuderías más fuertes gastan en realidad entre U$S 500 y 600 millones por temporada, pese a las restricciones vigentes.

Red Bull ya había superado el límite en un 5% durante 2021. Por esa infracción recibió una multa de siete millones de dólares y una reducción del 10% en el tiempo disponible para pruebas de túnel de viento y simulaciones computacionales.

El tope presupuestario comenzó a aplicarse en 2021 con un monto de U$S 145 millones. Sin embargo, deja fuera algunos conceptos, entre ellos los contratos de los pilotos, los salarios de los tres empleados mejor pagados que no son pilotos, los gastos de viaje y las inversiones en marketing. También existe un límite adicional, de U$S 190 millones, destinado al desarrollo de las unidades de potencia.

Las nuevas reglas de la FIA buscan reducir las posibilidades de que las escuderías obtengan ventajas a través de estructuras compartidas. Pero la efectividad del sistema también dependerá de los controles y las sanciones. La discusión sigue abierta: si el beneficio deportivo y económico de una infracción supera el costo del castigo, algunos equipos podrían considerar que incumplir el límite sigue siendo un riesgo asumible. Un lugar entre los cinco primeros del campeonato de constructores puede representar alrededor de U$S 20 millones.