Eran las 8 de la mañana en la Argentina cuando Lionel Messi bajó en la puerta del Hotel de la Reconquista, en Oviedo, acompañado por Antonela Roccuzzo. Una multitud lo esperaba desde temprano y lo recibió entre gritos y aplausos. El capitán se detuvo a firmar camisetas y saludar, mientras algunos fanáticos corrían desde otros puntos de la ciudad para intentar verlo de cerca.

El rosarino viajó en un avión privado desde Miami y fue el último de los premiados en llegar a la ciudad española. La expectativa ya se había medido días atrás: los 4.700 pases gratuitos para verlo en un acto con chicos se agotaron en apenas 13 minutos, con más de 16.000 personas conectadas al mismo tiempo para conseguir uno.

Apenas llegó, Messi dialogó con la agencia EFE y recordó a su padre, Jorge Messi, fallecido en agosto. El capitán destacó el compromiso, el respeto y la solidaridad como los valores que le dejó como legado.

Una visita relámpago

Hoy, a las 12.30 de la Argentina, compartirá un encuentro con alumnos en el Palacio de los Deportes de Oviedo. Los chicos trabajaron durante 10 días con un reglamento inspirado en frases del rosarino para promover un fútbol más inclusivo y respetuoso. Por la noche participará de una cena con los Reyes de España y el resto de los premiados.

La ceremonia será mañana a las 13.30, en el Teatro Campoamor. Messi se convertirá en el primer futbolista en recibir el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, una de las distinciones más prestigiosas del mundo hispano, que incluye una escultura del artista Joan Miró, un diploma, una insignia y 50.000 euros.

Después de la gala, el capitán emprenderá el regreso a Estados Unidos. Tomará un vuelo a Nueva York para sumarse a Inter Miami, que jugará el sábado a las 18.30.